Willy Wylazo, la vida en reggae

Jesús Figueredo, Willy Wylazo, en el Casco Antiguo.
Jesús Figueredo, Willy Wylazo, en el Casco Antiguo. / J.V. ARNELAS
  • COMPOSITOR

  • Tras superar la agorafobia y operarse de un quiste cerebral, Jesús Figueredo se dedicó a componer canciones y vivir de la música

Empieza por el bajo. Saca una melodía, la tararea y si le gusta la graba en el móvil para retenerla. La viste con acordes de guitarra. Le incorpora vientos y arrana con la letra. En cinco minutos, cuenta, te puedo sacar un tema. Siempre música reggae con denuncia social. «Mientras vivimos te van pasando experiencias. La vida no para de darte canciones».

Lo dice alguien que lleva cuatro años viviendo del reggae en Badajoz. Jesús Figueredo se mudó desde Olivenza al Casco Antiguo con una mano delante y otra detrás. Empezó a componer canciones y formó 'The buenro', una banda que asomaba por la calle Menacho cada fin de semana. «Muchos días se colapsaba». Empezó a conocerse como Willy Wilazo y a ganarse la vida como músico callejero.

En el concurso de bandas de reggae de Extremadura vio su oportunidad par doctorarse. Willy Wilazo se presentó a Extremareggae Contest con seis músicos y varias letras que tenía en un cajón. Bajo, guitarra, batería, teclista, saxofón y trompeta sonaban para contar sus experiencias vitales. Ganaron. El premio fue grabar un disco. El músico callejero pasó al estudio. Seis temas a los que tituló 'Resurgir'.

Un verbo al que se agarra alguien que deja atrás muchos años de depresión aguda y agorafobia. «Estuve sin salir de casa mucho tiempo. Uno entra en una dinámica muy negativa y no ve la luz. Es un poco autodestructivo». Por si fuera poco le detectan un quiste de líquido en el cerebro. La operación sale bien y Jesús -en ese momento todavía no es Wily Wylazo- sale del quirófano con ganas de invadir Polonia. «Pensé. De la ansiedad no me voy a morir y ya me han operado de la cabeza. ¿Qué más tengo que pasar?»

Por eso deja Olivenza y aterriza en Badajoz. En 'Resurgir' hay temas dedicados al pueblo saharaui -«viví con ellos un tiempo»-, a la corrupción y a la envidia. Pecados capitales y denuncia social para tomar la riendas de una vida muy sencilla. «No fumo. No bebo. Vivo en una casa muy pequeña por la que pago poco y apenas tengo gastos».

Sobrevive con los bolos y conciertos. El mes de enero y febrero lo dedica a cerrar la campaña de primavera y verano. El disco salió en abril del año pasado y le valió para un tour 2017 bastante completo. Pasó por la Plaza Mayor de Cáceres en el sábado del Womad o varios festivales por Madrid. Ahora negocia con promotores de Sevilla, Granada o Évora. En su calendario de trabajo todavía hay muchos huecos libres. Siempre dispuesto a ponerse en carretera. «La única manera es ser autosuficiente. Compones la música, negocia los conciertos, buscas la banda. Es muy sacrificado, pero tenemos que seguir intentándolo».

El reggae no es precisamente un género de masa, pero vive su ebullición.

Solo hay que repasar la trascendencia que ha ganado en las últimas ediciones del Rotottom de Benicassim. Aunque Badajoz queda muy lejos de todo eso, el pasado sábado, en plena cuesta de enero, Willy metió a más de cien personas en El Mercantil.

«Te das con un canto en los diente. Enero es un mes malo para todos, pero hay gente que va a ver a una banda de reggae en Badajoz».

Para dejar de sobrevivir y poder vivir de verdad sus miras están puestas al otro lado del Atlántico. Negado absoluto para las redes sociales, alguien le recomendó que si realmente quería tener un nombre en este mundo debía abrirse un perfil en Instagram. Cuenta abrumado que continuamente recibe notificaciones de seguidores de Lationamérica que se descargan 'Resurgir'. «Estoy muy, muy, muy sorprendido por la acogida del disco. En Instagram estoy subiendo como la espuma. Allí el reggae tiene muchos más seguidores y colocarte en este mercado sería el salto definitivo».

Jesús Figueredo empezó de adolescente. Con quince años escuchaba rap y de ahí saltó al reggamufin, un subgénero en mitad de ambos estilos. Entonces, recuerda, todo era más electrónico. Luego caminó por el estilo happy. «Ahora todo está inundado de música happy, cualquier anuncio de la tele lo lleva».

Al menos sirvió para que el público ya no vea el reggae como algo que solo escuchan cuatro raftafaris. «La horquilla se ha abierto».

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