Borrar
Un abocardador, pieza del mes de diciembre de 2019 en el Museo de Olivenza. CEDIDA
Un abocardador o tenaza de abocardar, pieza del mes de diciembre 2019 en el Museo de Olivenza

Un abocardador o tenaza de abocardar, pieza del mes de diciembre 2019 en el Museo de Olivenza

Donada por Manuel de la Granja Villoslada en 2003, el Museo de Olivenza ha querido rendir homenaje al oficio de fontanero, aprovechando la festividad de su Patrón, San Elías, el día 1 de diciembre

Martes, 18 de febrero 2020, 02:58

Desde la antigüedad, el ser humano se ocupó de buscar soluciones para un amejoramiento de sus condiciones de vida. Todas las civilizaciones entendían la importancia que tenía el agua para poder asegurar la supervivencia de la especie. La vida cotidiana giraba en torno a ella.

Desde tiempos remotos y con unos medios técnicos claramente limitados el hombre ha sabido dar solución a los retos que le planteaba la gestión y administración del agua.

La fontanería, como sistematización del fluir del agua, surge como tal en la Grecia antigua, y adquiere una dimensión de expansión urbana y dirigida al bienestar general con la civilización romana. Es en la Roma antigua donde esta actividad tuvo un papel fundamental ante la necesidad de disponer de agua en abundancia para sus baños públicos. Los romanos incluyeron en la arquitectura las grandes obras de ingeniería civil. Construyeron acueductos de piedra para conducir este líquido hasta los palacios de los emperadores y a sus famosos baños, así como cloacas para desalojarla una vez usada.

Pero no fue hasta finales del siglo XIX cuando surge la fontanería como se conoce hoy en día, adquiriendo gran auge con el uso de materiales como el hierro y el plomo, sustituidos por el cobre, de fácil manejo y bajo costo. A medida que crecían las poblaciones y se modernizaba el hombre, se convirtió en una exigencia, no solo de necesidad sino también de estética.

Los fontaneros empiezan a ser vitales en la construcción de hogares. Había que crear conducciones de agua, poner en marcha tratamientos de aguas residuales, diseñar retretes, etc. Requerían de unas herramientas básicas, como soplete, alicates, llaves, cortatubos, abocardador, entre otras. Esta última es la que muestra el Museo de Olivenza como pieza del mes de diciembre de 2019.

También llamada tenaza de abocardar tiene como función ensanchar la entrada de los tubos de plomo para unirlos y soldarlos. Se compone de dos brazos de media caña y una cabeza cónica, que se introduce dentro del tubo. Al juntarse los brazos o mangos de la tenaza, se separa el cono en dos mitades haciendo que el tubo ensanche.

Con esta herramienta, donada por Manuel de la Granja Villoslada en 2003, el Museo de Olivenza ha querido rendir homenaje al oficio de fontanero, aprovechando la festividad de su Patrón, San Elías, el día 1 de diciembre.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

hoy Un abocardador o tenaza de abocardar, pieza del mes de diciembre 2019 en el Museo de Olivenza