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Los amigurumis de Leticia Cantoneiro llegan al Meegs con 'Fantasía de algodón'

Los amigurumis de Leticia Cantoneiro llegan al Meegs con 'Fantasía de algodón'

Del 1 de diciembre al 7 de enero de 2024, en la sala de Usos Múltiples, se podrá visitar esta exposición en la que la artista portuguesa muestra su maestría con esta técnica japonesa

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Martes, 28 de noviembre 2023, 09:27

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El Museo Etnográfico Extremeño 'González Santana' exhibirá la muestra de la artista portuguesa Leticia Cantoneiro. Con el título de 'Fantasía de algodón' se agrupan los 'Quecos de Palomita', como así se hace llamar en las RRSS, los cuales nacen de las manos de esta elvense, afincada en Olivenza.

Su pasión por el amigurumi comenzó hace ya algunos años, cuando, enamorada de uno de los primeros muñecos que vio, tejidos con esta técnica, no lo pudo comprar y le pidió a su madre que le enseñara a hacerlos.

Después llegaron horas y horas de tutoriales descargados de Internet, con los que experimentó un primer acercamiento a una técnica, nacida en Japón en los años 50, cuyo nombre procede de las palabras ami (tejer) y nuigurumi (muñeco).

En este país, el amigurumi se ha convertido en algo más que un simple pasatiempo, permitiendo crear personajes e imitar objetos de la vida real. Generalmente se tejen con lana, hilo de algodón o fibras sintéticas que varían de grosor, textura y composición. A la hora de tejerlos se usan agujas de crochet o ganchillos. Para el relleno del amigurumi se emplean espuma, fibra de silicona y materiales variados.

Viendo aquellos vídeos, que paraba una y otra vez para desentrañar cada uno de los detalles del amigurumi, fue evolucionando en una afición que entonces no se tomaba en serio, como nos recuerda Leticia. Al llegar la pandemia, decidió retomarla para hacer la situación más llevadera y descubrió el gran boom amigurumístico. El acceso a patrones y vídeos cortos de trucos era más fácil que nunca.

Poco a poco, este mundo se fue haciendo un hueco en la red y en su corazón, convirtiéndose en, más que un hobby, en una forma de vida. »Pasar la vida entre algodón, ganchillos y ojos de seguridad puede no ser la vida más glamurosa, pero la sensación al terminar una pieza, después de tantísimas horas de trabajo, es indescriptible», asegura Leticia Cantoneiro, para quien, además, esta es una manera de estimular la creatividad, desarrollar habilidades y potenciar sentimientos positivos.

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