Una caja de rapé con simbología masónica, pieza del mes de febrero 2019 del Museo de Olivenza

Caja de rapé. /CEDIDA
Caja de rapé. / CEDIDA

La pieza fue donada por la Asociación Limbo Cultura de Olivenza

Juan Miguel Méndez
JUAN MIGUEL MÉNDEZ

La palabra rapé procede del término francés 'râpé', que significa rallado, y es un preparado de tabaco tostado puro, molido hasta convertirlo en polvo muy fino, que se esnifa. Fue muy popular entre los pueblos originarios de América Latina y es de Brasil de donde se tienen los primeros registros de su consumo.

Según informa el Museo Etnográfico Extremeño 'González Santana' de Olivenza, el rapé llega a España a mediados del siglo XV, cuando Felipe II ordenó al médico y botánico Francisco Hernández de Boncalo que trajera semillas de tabaco de América para plantarlas en Toledo.

Además de su consumo recreativo, en Europa, en sus primeros momentos, tuvo aplicaciones medicinales. Fue el embajador francés en Lisboa, Jean Nicot quien envió rapé a Catalina de Médici para tratar las migrañas padecidas por su hijo.

En los siglos XVIII y XIX era una moda muy extendida entre la aristocracia europea esnifar rapé. Los hombres que presumían de ser elegantes llevaban en su bolsillo un bonito recipiente, en forma de caja, como la que exponemos este mes, donde almacenaban este polvo, que se intercambiaban como signo de cortesía. Era de mala educación inhalar ante las señoras, por tanto, los hombres cuando sentían esa necesidad se retiraban a otra estancia con la intención de «echarse unos polvos a la nariz».

Con el tiempo, la excusa para ausentarse de la reunión comenzó a utilizarse también para poder tener fugaces y apasionados encuentros con la amante de turno, de ahí el origen de un dicho muy frecuente entre el pueblo.

El Museo de Olivenza ha mostrado como pieza del mes de febrero de 2019 una caja de rapé , de 1,5 centímetros de altura y 3 centímetros de diámetro, y presenta en la tapa un compás sobre una escuadra, simbología masónica que hace referencia al grado de 'maestro', el tercero de la jerarquía tras los de 'aprendiz' y 'compañero'.

La escuadra representa la norma, la referencia, lo que está ahí, lo que es previo a la creación. El compás, por el contrario, representa la sabiduría del espíritu, la creación, la creatividad que se puede permitir el que ya conoce normas y reglas.

La escuadra es por ello mismo, la herramienta que permite poner derecho, conforme a la regla los errores del profano, entendiendo por profano, en terminología masónica, el que no pertenece a la masonería.

Así, en el primer grado, sobre el altar de los juramentos que se encuentra a los pies del Venerable Maestro que preside la ceremonia de admisión, la escuadra es colocada sobre el compás, la norma sobre la creación. En el segundo grado, el de compañero, escuadra y compás están entrelazados, pues aunque el iniciado aún no puede desprenderse de la norma, puede empezar a ejercitarse en la creatividad. Mientras que en el tercer grado, el de maestro, el compás ya aparece sobre la escuadra, signo de la perfecta y total maestría que permite utilizar el compás en todos los grados de abertura, la creación más allá de la norma.

En el centro, entre el compás y la escuadra, figuran las iniciales F&U, abreviaturas masónicas que significan Fuerza y Unión.

Esta pieza fue donada al Museo de Olivenza por la Asociación Limbo Cultura.