«Si un alcalde está siempre con el pueblo, este nunca le abandona»

«Si un alcalde está siempre con el pueblo, este nunca le abandona»
J.M.M.P.

Ramón Rocha Maqueda, alcalde de Olivenza entre 1979 y 2007

Juan Miguel Méndez
JUAN MIGUEL MÉNDEZ

Este año se han cumplido 40 años desde que se celebraron las primeras elecciones municipales y desde que se constituyeron los primeros ayuntamientos democráticos. Olivenza tuvo como alcalde gran parte de ese período a Ramón Rocha Maqueda (Jerez de los Caballeros, 4-9-1939), un referente en el mundo del municipalismo, pues presidió el consistorio oliventino durante 28 años. También desempeñó otros cargos como presidente de la Diputación de Badajoz (1989-1995), vicepresidente de la Asamblea de Extremadura (1995-2003) o presidente fundador de la Asociación para el Desarrollo de la Comarca de Olivenza (ADERCO). Al cumplirse esta efeméride, recibe en su casa a HOY Olivenza para hacer balance de estas cuatro décadas.

- ¿Qué recuerdo tiene de la primera vez que tomó posesión como alcalde en abril de 1979?

- Recordar esto mirando hacia atrás 40 años me hace ver cómo ha cambiado la vida y lo que han evolucionado las costumbres y los modos. Recuerdo aquella mañana en que subíamos al ayuntamiento a tomar posesión un grupo de concejales de distintos partidos elegidos en las elecciones de días antes y, cuando íbamos por mitad de la escalera, un compañero, Ignacio Muñoz López 'El Naco', nos paró y nos dijo: «¿Pero dónde vamos, Ramón? Y es la primera vez que subimos al ayuntamiento y lo hacemos para tomar posesión? ¡Vámonos, hombre, que nosotros no tenemos ni idea de esto!». Y entrando en el fondo, tenía razón, pues no conocíamos el ayuntamiento. Pero nosotros habíamos asumido un compromiso y fuimos a tomar posesión. Fue un momento emotivo, hicimos los trámites de rigor y salí elegido alcalde por primera vez. Yo le dije a 'Naco' que se se calmara, que tuviera paciencia, que íbamos a estar cuatro años y después ya veríamos. Al final fueron 28 años.

- ¿Qué fue lo que le impulsó a entrar en política y participar en la primeras elecciones democráticas?

- A mediados de los años 70 un grupo de personas entre las que yo me encontraba empezamos a luchar en el tema sindical. Casi todos pertenecíamos casi todos a la UGT y había que hacer elecciones en el campo y participamos en la elaboración de ese proyecto recorriendo las distintas fincas de Olivenza. Aquello nos gustó, pues lo estábamos haciendo cara a cara con los que algún día tenían que votar, que eran los agricultores que trabajaban en los distintos terrenos. Fue entonces cuando decidimos crear también el Partido Socialista Obrero Español. Empezamos primero con los sindicatos porque al principio nadie nos quería arrendar un local para la sede del Partido hasta que logramos un lugar de reunión en un sitio céntrico. En aquellos años aún había miedo.

- ¿Alguna anécdota de la campaña de aquellas elecciones del 3 de abril de 1979?

- Fue una campaña electoral bonita porque era nueva para nosotros. Nos teníamos que comunicar con los compañeros de Badajoz a través de viajes, para conseguir la propaganda e informaciones, etc. Además de en la cuestión sindical, empezamos a trabajar en la cuestión política, que era también bonita porque la gente venía de una dictadura en una ciudad como Olivenza, que se distingue por ser mayoritariamente de izquierdas. Hicimos un llamamiento general y la gente respondió afiliándose y participando activamente en la campaña. Y así empezó nuestro caminar y nuestra primera victoria.

- ¿Qué relación había con el resto de partidos que se presentaban a aquellas elecciones?

- Haciendo memoria, además de presentarse el PSOE, también se presentó el Partido Comunista, una candidatura de independientes, la Unión del Centro Democrático y la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT). El PSOE ganó las elecciones, pero no consiguió mayoría absoluta, pero teníamos un pacto electoral firmado en Madrid con el Partido Comunista prácticamente en toda España.

- ¿Y cómo se forjó el pacto en Olivenza?

- Ese pacto, que llevó a Tierno Galván a la alcaldía de Madrid se trasladó también aquí. Y el concejal independiente que salió elegido también nos dio su apoyo. Por eso logramos la mayoría absoluta con el apoyo del PSOE, el PCE y el concejal independiente. Después salió un par de votos también a nuestro favor que debían ser de los otros partidos, y me lo confesaron con el tiempo. Te decían «yo te voté a ti» más que al partido en sí, pues en aquellos primeros años había una carga de personalismo más acentuada entre los candidatos. Hay que tener en cuenta que en aquellos años la mayoría de la gente votaba por primera vez y, aunque había ideología, la mayoría no la tenía bien definida y se guiaban por el grado de conocimiento de los candidatos. Después de esas elecciones llegó lo verdaderamente bonito: el trabajar.

- ¿Cómo fueron aquellos primeros años de gobierno?

- La gente llegaba al principio al ayuntamiento cohibidos. Había vecinos que con más de 50 años de edad era la primera vez que entraban en su ayuntamiento y se descubrían, se quitaban la gorra o sombrero... Les había pasado como a mí, que siendo alcalde también era la primera vez que entraba en el ayuntamiento. Y eso me hizo pensar que cuando no había democracia la gente trataba de solucionar sus problemas, pero sin acudir al ayuntamiento, pues no les inspiraba confianza aquellos ayuntamientos.

- ¿Qué fue lo que se encontró cuando llegó al consistorio de la gestión anterior?

- Lo primero que hicimos fue comprobar la cuestión administrativa y financiera, ver si coincidían los datos, los arqueos de caja. Y aquí en Olivenza, la verdad no hubo ningún problema por parte de quienes lo administraban y se aceptó por parte de los profesionales que en aquellos años trabajaban allí.

- ¿Cómo se dio esa primera legislatura en que el PSOE no contaba con mayoría absoluta?

- Bueno, prácticamente sí la teníamos, pues el PCE, el independiente y otros dos concejales votaban con nosotros. Los primeros cuatro años, que costó levantar los ayuntamientos, en que dábamos cobertura a todo como el abastecimiento de agua que en la mayoría de los casos era inexistente, la recogida de residuos sólidos, la conducción de aguas sucias... Nos centramos en buscar soluciones a los problemas principales, pues ya habría tiempo de pavimentar calles o construir un campo de fútbol, para que los ciudadanos tuvieran los servicios básicos, pues en aquel tiempo aún se repartía el agua potable en cubas por las casas. En aquel tiempo también teníamos como aliado a la gobernación civil (la Junta de Extremadura aún no existía), que nos daba dinero para acometer estas obras para dotar de servicios mínimos.

- Y en el año 83 el PSOE consigue su primera mayoría absoluta...

- Hombre, aunque contáramos con mayoría absoluta, seguimos dándole participación a los concejales del Partido Comunista, cediéndoles algunas delegaciones.

- Y fue entonces cuando usted entró por primera vez en la Diputación de Badajoz como diputado por la comarca de Olivenza...

- Yo recibí la comunicación del Partido que me nominaba para entrar en Diputación en 1979; el telegrama, firmada por Alfonso Guerra y que aún conservo, decía que era el militante de esta comarca que más votos había obtenido y la alcaldía de la ciudad más difícil, pues por entonces superaba los 10.000 habitantes. Pero hubo cierto error que hizo que al final fuera diputado el entonces alcalde de Alconchel. Yo entré como diputado en 1983 y renové en 1987 como vicepresidente primero hasta que me eligieron presidente de la Diputación en 1989 hasta 1995.

- ¿Cuáles son sus referentes políticos?

- Sin duda, un hombre me ayudó mucho en mi trayectoria fue Juan Carlos Rodríguez Ibarra, desde que me encontré por primera vez con él la primera vez que fui a Badajoz para organizar unas elecciones, de una manera casi clandestina. Y en el ámbito nacional, en aquel momento yo tenía como referente a Alfonso Guerra.

- ¿Podría definirme cuál fue el momento más difícil de sus 28 años como alcalde?

- Como todo en la vida, hubo sus vaivenes, pero a bote pronto podría pensar en accidentes de tráfico o muertes trágicas... Pero a nivel político y local no recuerdo ningún problema grave... Quizás a principios de los 80 sí que recuerdo algunos problemas que siempre había tenido con Portugal, algunas comunicaciones, etc. Pero a nivel de ayuntamiento, no tuve ningún problema político delicado. En otras instituciones donde estuve quizás sí, pues volumen de trabajo y el grado de responsabilidad era mayor.

- ¿Y el momento más dulce?

- Muchos. Fueron siete elecciones para la alcaldía y las siete ganadas. Yo se lo digo a los nuevos: no os pongáis nerviosos porque aunque lleves cuatro o cinco elecciones ganadas, el día de las elecciones el candidato que se presenta a algo, y de cualquier partido, siempre se pone nervioso, porque todos los que estábamos en el escrutinio queríamos ganar y sólo podía ganar uno. Así que, para mí uno de los momentos bonitos era la toma de posesión, en que escuchaba los resultados electorales de boca del secretario de la corporación y que nos declaraba ganadores cada cuatro años. Sé que eso ha ocurrido en otros municipios de la comarca y de la región, pero no es lo mismo ser alcalde de una ciudad de 13.000 habitantes que de otro municipio con menos población, pues los problemas iban en consonancia con e número de habitantes.

- ¿Qué dificultades tuvo en la atención a las seis pedanías, además de a la ciudad?

- Ese es uno de los dos verdaderos problemas que yo me encontré como alcalde. El primer problema es que cualquier problema o avería de luz o de agua, por ejemplo, en que se diera en Villarreal, que está a 15 kilómetros de Olivenza, hace que el electricista o fontanero tuviera que hacer 30 kilómetros para solucionarlo, por lo que generaba más gastos y suponía más tiempo. El otro problema es que estamos en una ciudad que es conjunto histórico y monumental, con sus recintos amurallados, sus iglesias, sus calles, etc., a los que había que dedicar muchos recursos; por ejemplo, el ayuntamiento compró exactamente cinco cuarteles a otras administraciones y entidades privadas, que al rehabilitarlas y darles uso se empleaban más dinero del que inicialmente se preveía. Pero al final solucionar estos dos problemas fue para nosotros un gran reto que afrontamos con determinación.

- Y en las relaciones con Portugal, ¿cómo consiguió apagar fuegos con el irredentismo o la cuestión de Olivenza?

- Hubo ciertas dificultades en los primeros años, pero la verdad es que eso se fue calmando porque decidimos hermanarnos con muchas ciudades portuguesas y ahí empezó un intercambio cultural que ha estrechado nuestras relaciones. Los portugueses son gente recta y cumplidores con los que se puede trabajar. Ellos siempre han cumplido con nosotros, pero nosotros fallamos cuando asumimos la rehabilitación del viejo Puente de Ajuda. Porque durante una cumbre hispanolusa se firmó un convenio internacional en que Portugal se comprometía a construir el puente nuevo (y ahí está) y el Estado español reconstruir el viejo con un proyecto de Fernández Ordóñez que incluía dotación económica. ¿Qué pasó desde 2007 en que dejé la alcaldía? No sé si hubo alguna diferencia, si quienes me sucedieron no consiguieron aclararla... Y de momento no hemos cumplido, como hubiera sido mi deseo, a pesar de que en 2015 aún seguía existiendo la dotación económica. Habían estado 400 millones depositados en la delegación de Hacienda de Badajoz, una partida del Estado con cargo al 1% cultura. Me gustaría que ese proyecto se retomara.

- ¿Qué solución le ve a ese asunto?

- Hay un compromiso firmado entre España y Portugal. Portugal ha cumplido su parte y España no ha cumplido la suya... Digo yo que algo se podrá mover... Ha habido alguna demanda por parte de algunos presidentes de cámaras municipales, pero de momento han sido respetuosos a la espera de alguna solución. Siempre he dicho que se terminaría el problema de Puente Ajuda cuando el viejo uniera sus brazos, porque es la madre del nuevo. Y nos da miedo que Alqueva, con la circulación del agua, dañe mucho más a sus pilares que con el agua estancada.

- ¿Qué le supuso recibir la Medalla de Oro de Elvas hace unos meses?

- No lo esperaba. Es de las pocas cosas que nadie me ha filtrado antes en Portugal, donde tengo muchos amigos, hasta que recibí la comunicación oficial. Yo sé que desde los tiempos del alcalde de Elvas saliente, Roldão Almeida, estaban luchando para ponerle mi nombre al Puente Ajuda, y yo me negué porque consideraba que eso era un error, pues el que tiene es histórico y nadie lo iba a conocer por el de Ramón Rocha Maqueda. Pero no pude renunciar a la Medalla de Oro de Elvas, ciudad con la que he trabajado con amistad y cariño, y por eso la que acepté con una gratitud enorme.

- ¿Echa en falta algún reconocimiento en Olivenza?

- No. Yo cuando me presenté para alcalde lo hice con el corazón y con mis ideales socialistas. Cuando hace unos años se empezaron a recoger firmas para solicitar un reconocimiento, yo mandé retirarlas. Y las tengo guardadas. No quería porque si tú tienes que presentar un documento al que manda en la ciudad, sea quien sea, para que te reconozcan una cosa, es porque el que está mandando no lo piensa y no tiene voluntad de concedértelo, porque si no saldría de él mismo y lo hubieran hecho. No hay cosa que más cabree a un vecino que le cambien el nombre de una calle, causándole trastornos... Hombre, si hay algún nombre que moleste por cualquier circunstancia, se puede cambiar... A mí me tocó cambiar los nombres de las calles de la época de la dictadura y ponerle los que tenían antes; pero eso no era bautizar, sino corregir. Y siempre lo hicimos por unanimidad.

- ¿Cómo alcaldes como usted podían compatibilizar varios cargos a la vez?

- Generalmente, en aquellos años, la mayoría de los referentes políticos éramos alcaldes que también desempeñábamos cargos en otros organismos. Ahora ya no se dan esos casos porque los propios partidos se han impuesto determinadas incompatibilidades, y ya no hay tantos alcaldes sentados en el hemiciclo; el alcalde a sus ayuntamientos y los diputados a su función en la Asamblea. Pero en aquellos años empezábamos a tirar de un carro que aún no estaba cargado.

- ¿Qué le impulsó a no volver a presentarse en 2007?

- Ya lo tenía previsto. Ya había hablado con Juan Carlos Rodríguez Ibarra, al que tengo un gran respeto y admiración, pues llevábamos prácticamente los mismos años; yo estuve 28 años como alcalde y él 24 como presidente de la Junta. Se lo anuncié a él, delante de Guillermo y otros compañeros, y le dije que que él también tenía que marcharse después de tantos años, especialmente después de aquel infarto que le dio. Eso fue un sábado y el lunes me llamó para decirme que sí, que también se iba él. Yo le dije que lo sentía por Extremadura pero que me alegraba por él.

- ¿Cuál es el cargo desempeñado que más le ha gustado?

- Hoy, dentro de la política, lo mejor y más bonito es ser alcalde de tu pueblo. Lo que haces mal, te lo dicen; lo que haces bien te lo dicen. Te paran en la calle, interactúan contigo y entran directamente en el consejo del alcalde. Y se debe siempre escuchar, porque el ciudadano es el que te vota. Muchas veces me demostraron que tenían razón y que no la tenían los técnicos. Y ningún político tiene esa virtud que puede tener un alcalde en las ciudades, por la relación de cercanía e inmediatez. Y es al ciudadano al que tienes que atender y cuidarlo, aunque no sea de los tuyos, pues se presenta con un problema y él no viene con el carné en la boca... Si un alcalde está siempre con el pueblo, nunca le abandona. Yo he visto a alcaldes endiosados que han terminado perdiendo por hablar mal o no atender a la gente... Porque tú no eres el jefe, sino su «amigo superior».

- ¿Echas en falta estar en la alcaldía después de dejarla hace 12 años?

- No. Yo me vine convencido y ahora estoy muy tranquilo. Yo me considero el amigo de un 90% de los oliventinos. Y después de tantos años, creo que ya sudé suficiente, pues yo lo intenté hacer lo mejor posible.

- ¿Es posible que Guillermo Fernández Vara termine siendo alcalde de Olivenza?

- Yo le conozco desde que era niño, pues era amigo de su padre, y le dije en su día que si quería ser algo en la política tenía que afiliarse al Partido Socialista Obrero Español. Y también le dije que, entrara o no en política, sería un gran alcalde de Olivenza, y que sería mejor que yo todavía.