«Me decían que Olivenza era díficil, pero yo he sido muy bien acogido»

Francisco Julián Romero, ante el retrato de don Luis Zambrano, en proceso de beatificación. /J.M.M.P.
Francisco Julián Romero, ante el retrato de don Luis Zambrano, en proceso de beatificación. / J.M.M.P.

Francisco Julián Romero Galván, párroco de Olivenza

Juan Miguel Méndez
JUAN MIGUEL MÉNDEZ

Francisco Julián Romero Galván, Don Paco (Llerena, 29-01-1966), es párroco de Olivenza desde el 2 de septiembre de 2016. Desde entonces, este cura se ha aclimatado a la ciudad hasta el punto de aspirar a estar más años que en sus destinos precedentes. Además de formarse en el seminario pacense de San Atón, también estudió la licenciatura en Psicología, además del máster en Psicopatología y Salud en la UNED; además, es licenciado en Teología Catequética por la Universidad de San Dámaso, en la que también leyó su tesis doctoral el pasado mes de mayo de 2019. Con una amplia trayectoria sacerdotal y formación teológica, el pasado mes de octubre la Conferencia Espiscopal Española le nombró director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Extremadura 'Santa María de Guadalupe'.

- ¿De dónde le vino la vocación sacerdotal?

- Pues mire, cuando me confirmé, estando en el entonces 6º de E.G.B., el obispo, antes de la Confirmación, estuvo saludando a todos y a mí me dijo: «Tú vas a ser cura». Y ahí se puso la primera piedra. Pero después, cuando ya estaba haciendo Bachillerato, y especialmente el último año, fue cuando surgió ahí la inquietud que posteriormente había que tratar de matizar y clarificar. Decidí irme al seminario y me costó un poco de trabajo tomar esa decisión, porque me inclinaba más por estudiar Medicina... Pero traté de tomar esa decisión y poco a poco fui aclarando determinadas cosas en los años del seminario de San Atón y, por último decidí ser sacerdote. Hay veces que te dicen: «Oye, pues yo tuve una experiencia mística, ahí rara...». Y yo me digo: «Madre mía, pues lo mío tiene que ser como menos importante...», pero en realidad fueron las circunstancias del día a día, cuestiones que tampoco son tan significativas y tan fuera de lugar.

- ¿Cuál ha sido su trayectoria desde que comenzó su labor sacerdotal?

- Me ordené como sacerdote el día de Reyes de 1991. Va a hacer ahora 29 años. Los primeros años, entre 1991 y 1997, estuve como sacerdote en Los Santos de Maimona. En 1997 me trasladaron a Llerena y Trasierra, y allí estuve hasta el año 2000, en que me fui de párroco a Usagre hasta el 2001, en que asumí también la parroquia de Higuera de Llerena. En 2005 me hicieron párroco de Monesterio, hasta el 2008, año en que me fui a Madrid a terminar los estudios, dedicándome durante dos años a mi formación académica. En el año 2010 fui de párroco a Villafranco del Guadiana y a dar clase al Instituto de Ciencia Religiosa y al seminario, donde desempeñé también otras labores. Y en el año 2016 me nombraron párroco de Olivenza.

- ¿Espera estar mucho tiempo en Olivenza?

- Como puede ver mi trayectoria es amplia... Espero poder estar en Olivenza más tiempo, porque uno necesita que a los que bautiza también les pueda dar la Primera Comunión y, si es posible, casarlos. Y es que cuando uno va teniendo su edad necesita también un poquito de mayor sosiego. En ningún caso estos cambios han sido por alguna cuestión de dificultad. Por eso puedo decir que he estado encantado en todos los sitios por los que he pasado; bueno, en algunos más que en otros, pero eso es por diversas cuestiones y porque han sido sitios muy variopintos y diferentes. Pero puedo decir que he estado muy a gusto y en todos los sitios me ha costado mucho trabajo salir de ellos.

- ¿Se siente cómodo en Olivenza?

- Me encuentro muy a gusto en Olivenza. Algunas personas me decían que era un lugar muy complicado, difícil... Pero desde el primer momento he visto que los oliventinos son gente muy acogedora en todos los sentidos, e incluso con todas las instituciones he visto una buena acogida que ha hecho posible tener esa armonía que te hace después sentirte como pez en el agua para poder hacer otras muchas cosas. Es verdad que cada uno en su lugar, en nuestro sitio, pero eso implica el poder trabajar. Y después esta parroquia tiene bastante entidad, con gente muy buena, con buena formación, con muchas inquietudes... De verdad que me encuentro muy contento y como si hubiera sido el anillo que viene muy bien al dedo.

- ¿Qué es lo que destacaría de la parroquia de Olivenza sobre el resto en las que ha ejercido su labor pastoral?

- Cada sitio es muy distinto y el hecho de haber pasado por tantas parroquias te hace tener una mentalidad diferente. No es lo mismo Monesterio, que es un pueblo ya del sur de Extremadura, muy pegado a lo andaluz, también con unas connotaciones de una historia muy concreta, que Los Santos de Maimona... Olivenza te hace ser más abierto, tener más tolerancia, saber entender a la gente y su cultura... Es cierto que esa mezcla española y portuguesa a me resulta como muy atractiva y me parece muy identificativa de Olivenza, pero tampoco sé decir qué es lo más identificativo, además de ello.

- ¿Cómo vive la espiritualidad de Olivenza, escenario de milagros como el del Arroz?

- Estar en lugares como esta casa parroquial, lugar donde se produjo un hecho así, te ayuda a saber que tienes que vivir con más intensidad tu propia fe. Y, por otra parte, el que eres parte de una cadena de sacerdotes que han dejado una buena huella y que tú tienes que seguir, al menos, llevando esa antorcha. Podemos mencionar especialmente a párrocos como D. Luis Zambrano y su labor de transformación religiosa, social y cultural que él llevó a cabo en Olivenza; creo la historia tendrá que decir una palabra muy positiva a su favor. E igualmente que de D. José Hidalgo, con todo lo que significó la transformación social del barrio de La Farrapa y la creación del colegio del Sagrado Corazón, con su impronta religiosa, como no puede ser de otra manera. Para mí es un reto seguir en esa dirección, pues Olivenza, al igual que todos los pueblos de La Raya, lejos de ser difícil en el ámbito religioso, gracias a todas estas personas y otras muchas que colaboraron en esa labor han hecho posible que la gente aquí esté mucho más próxima a Dios.

- Siguiendo esa estela, ¿qué le quedaría por hacer como párroco en sociedades como la nuestra, cada vez con más crisis de espiritualidad?

- Vivimos una situación de secularización a nivel general difícil. Y esto hace que mine hacia dentro y que desde la Iglesia también tengamos que aportar nuevas respuestas a nuevas situaciones. La Iglesia nos invita a ser una «Iglesia en salida» como dice el Papa, es decir, salir hacia fuera, dedicarnos a atender a las personas, cuidarlas especialmente, tener una sensibilidad social, tener apertura de miras y una gran tolerancia... Y, sobre todo, compartir la vida del tú a tú y del día a día con las personas, sabiendo poner la semilla de la fe. Por eso el gran reto que hay es seguir anunciando el Evangelio, haciendo que la gente también se pueda encontrar con Dios, que vaya teniendo esa experiencia y que vaya entrando en la Iglesia, pero no porque tengamos que tener mayor número de cristianos, sino porque lo importante es que la gente se encuentre con Dios y que ese encuentro con Él les vaya transformando la vida y, a la vez, vayamos transformando el mundo y la sociedad, que es lo que nos interesa. Jesucristo no ha venido para que seamos religiosos, sino para que tengamos una forma de vivir que, siendo propia, al final sea capaz de transformar el mundo y la sociedad en la que vivimos por esa utopía que Él nos enseñó. Y en eso nos tenemos que implicar. Mientras haya pobres, mientras haya gente que sufra o situaciones sociales muy lamentables, esto no está funcionando bien. Tenemos que intentar avanzar en ese sentido. Y eso tiene que venir también desde esa dimensión de fe que al final tenga un compromiso en el mundo en el que estamos.

- ¿Cómo se estructura la parroquia de Olivenza y la de sus pedanías?

- En principio, Olivenza cuenta con 12.000 habitantes. A mí me gustaría que no estuviera yo sólo como sacerdote, pues Olivenza cuenta con una entidad suficiente como para tener otro sacerdote u otro compañero. Es verdad que tenemos ya dificultades serias para contar con ese apoyo. Este año pasado vino la colaboración de un sacerdote proveniente de Villaviçosa (Portugal) de la iglesia de la Preciosa Sangre, que colaboraba mientras yo iba a dar clase. Pero hoy por hoy yo sólo atiendo a Olivenza; a las pedanías las atienden otros compañeros. Para mí, y así se lo he hecho saber al obispo, lo lógico sería que todas las pedanías de Olivenza fueran atendidas por los sacerdotes de Olivenza, porque me he dado cuenta de que Olivenza y sus pedanías forman parte de una unidad, no sólo porque el Ayuntamiento sea el mismo, sino porque tienen verdaderamente esa unión que es necesaria que a nivel religioso y espiritual podamos atender así. Me gustaría que no tardáramos mucho en que eso sea así y estoy luchando y voy a luchar para que sea realidad.

- Y acaba de ser nombrado director del Instituto de Ciencias Religiosas de Extremadura. ¿Qué cometido desempeña?

- El presidente de la Conferencia Episcopal Española me nombró el pasado mes de octubre como director del Instituto de Ciencia Religiosa de Extremadura, que depende de la Universidad Pontificia de Salamanca. Este instituto es un centro que se estudia Teología en el ámbito civil, durante tres cursos para obtener la diplomatura y dos más de máster para la licenciatura. Esto viene consolidándose en nuestra región desde el año 2000 y ahora yo he asumido esta responsabilidad, que abarca no sólo la archidiócesis de Mérida-Badajoz, sino también toda la provincia eclesiástica, que abarca la diócesis de Coria-Cáceres y la de Plasencia. Tenemos un sólo instituto pero con tres sedes implantadas en Badajoz, Cáceres y Plasencia. Actualmente contamos con casi 150 alumnos que cursan los diferentes estudios, de acuerdo con los requisitos de la Santa Sede en convenio con el Gobierno de España, con los que se obtiene la titulación eclesiástica y la civil. Esto para mí es un reto, pues para mí, que he dedicado mucho tiempo de mi vida al estudio y la formación, que pongan en tus manos el Instituto es algo que me gusta, pues son como las dos novias de la vida de uno: la Parroquia y la formación teológica de laicos y seglares que quieren estudiar. Mi nombramiento es por cinco años prorrogables y en este tiempo espero promover el estudio teológico en nuestra región, procurando ser pioneros en el resto de España, pues somos quienes más alumnos tenemos matriculados.

- ¿Qué momento del Año Litúrgico le parece más interesante desde el punto de vista espiritual?

- Para mí, tanto la Cuaresma como la Semana Santa, especialmente aquí en Olivenza, donde es muy bien preparada y celebrada, desde las procesiones, los actos religiosos, gracias también a las seis cofradías, que desde mi punto de vista son una plataforma bastante buena y que trabajan mucho y muy bien por sembrar esa espiritualidad en torno a la Semana Santa. Por eso yo también estoy intentando que ellos también participen en todas las cosas que se organizan en la Parroquia. Y lo están haciendo, por lo que hay que estar contentos y satisfechos en la ciudad por la labor de todas las hermandades y cofradías.

- ¿Qué mensaje le daría a la juventud oliventina?

- Aunque es un poco difícil en este momento el que uno se plantee el ámbito religioso y de la fe, yo creo que es bueno, al menos, plantearse en la vida si verdaderamente hay algo más que las cuatro cosas que ve uno en el entorno, y que es bueno que busquemos esa trascendencia en Dios y, desde ahí, podamos llenarnos de muchas inquietudes y procuremos dar una repuesta a nuestra vida y vemos qué podemos hacer por los demás y por la sociedad en la que estamos insertos. Nuestra juventud es una buena juventud, y no somos quienes para criticarles, pues muchas de sus debilidades son producto de lo que les hemos enseñado los adultos. En nuestra juventud hay un gran potencial y es necesario que todos nos impliquemos por estar y colaborar con ellos para que salgan adelante, sin tanto proteccionismo, siendo capaces de darles alas para que ellos puedan volar por ellos mismos y puedan llegar a grandes metas, pues una juventud sin grandes metas es una juventud muerta.

- ¿Qué actividades está realizando la Parroquia desde la Pastoral Juvenil?

- Pues ahora mismo hay un grupo de jóvenes de la Parroquia que están haciendo el Camino de Santiago. Está siendo para ellos una experiencia maravillosa. Se trata de ir ofreciendo un camino de fe con una situación actual, utilizando los medios y formas actuales, tratando de comunicarnos con ellos a través también de las plataformas digitales, que es donde los jóvenes también viven. Estamos incidiendo mucho en la relación de los jóvenes con los mayores con actividades como el Proyecto 'Abuelo', en las Escuelas Parroquiales, donde hay jóvenes que apadrinan a mayores y a al inversa, siendo experiencias muy interesantes.