J.M.M.P.

«Lloramos de emoción al ver nuestros camiones otra vez salir de las naves»

Portavoz de la Plataforma Feriantes de Extremadura

Juan Miguel Méndez
JUAN MIGUEL MÉNDEZ Alconchel

Si hay un colectivo que lo ha pasado mal durante la pandemia ese es el de los empresarios del sector de los feriantes, que durante algo más de un año no han podido trabajar. Rosa Morgado (Olivenza, 1962) es una referente en los movimientos sociales de Olivenza, pero también ha sido una de las caras visibles de las reivindicaciones de estas empresas que empiezan a trabajar de nuevo con la celebración de las primeras ferias aún en pandemia.

− ¿Cómo afrontaron los primeros meses de la pandemia?

− Los primeros meses fueron un poco confusos para todos. También para este sector, pues era justamente cuando empezaba la campaña de ferias en marzo, y después de seis meses de paro por el cese de nuestra actividad, una mayoría de nosotros nos encontrábamos económicamente casi sin nada de nuestros ahorros. Fueron unos meses muy duros.

− ¿A qué puertas llamaron en ese tiempo en que no se les permitía trabajar?

− En ese momento lo importante era poder sostener económicamente nuestras casas (comer, pagos de facturas…). Hicimos un grupo de WhatsApp todos los feriantes extremeños y nos unimos. Lo primero que hice fue llamar a Cruz Roja, para que pudiera ayudar a muchas familias que ya empezaban a notar las carencias muy de cerca. Nuestro sector no está habituado a pedir ayudas a este tipo de entidades.

Más tarde en aquel grupo me eligió como representante junto a otro compañero, Antonio Martínez, para poder luchar por el sector. Nos presentamos en el Congreso de los Diputados, en Madrid. Fuimos los primeros feriantes que se reunieron en Madrid con PSOE, partido del gobierno, a quien expusimos nuestra situación, que era totalmente desconocida: fiscalmente, nuestros epígrafes muchos no corresponden a nuestro trabajo y esto nos causaba aún más problemas para conseguir ayudas.

Parece ser que detrás de la música y las luces de colores, pocos ven que existen empresarios y familias. Más tarde, después de hacer día tras día cientos de escritos a diferentes administraciones nos reunimos con la Junta de Extremadura.

− ¿A qué tipo de ayudas de la administración han podido acogerse?

− Las primeras ayudas que nos concedieron tardaron demasiado: 800 euros, que dio la Junta y muchos meses después 1.700 euros específicos al sector, que equivalía a seis meses de autónomos y nos obligaba a seguir de alta si pedías la ayuda. No podíamos aguantar era insostenible la situación, pues los que eran autónomos en ese momento tuvieron muchos que pedir el cese de la actividad, y ponerse a trabajar; y los que no eran, aún peor.

En unos meses nos dimos cuenta que está situación se alargaba y éramos los olvidados, nadie nos nombraba. La mayoría empezaron a subirse a camiones, las mujeres a hostelería y quien podía al campo. ¿Qué sucedía cuando intentabas buscar trabajo? Que nosotros no tenemos un currículum. Porque somos un sector que vive de generación en generación en la feria y cuando te presentabas a trabajar no existía currículum. Ser feriante no era lo suficiente, se complica aún más todo.

Cuando acudimos al Ayuntamiento a solicitar otras prestaciones, tampoco podíamos acceder, pues no éramos parados de larga duración, no contábamos con un local fijo del negocio, etc. Éramos otra vez los olvidados económicamente de la pandemia.

− La temporalidad de su forma de trabajo les hacen ser aún más vulnerables. ¿Qué tratamiento creen que deberían tener por parte de las administraciones públicas?

− Por supuesto que sí. Somos más vulnerables que cualquier otro sector, son seis meses de ingresos y otros seis parados y sin derechos a ayudas. Los trabajadores del campo u otros sectores tienen derechos una vez que termina su campaña a unas ayudas los meses de desempleo. ¿Por qué los empresarios feriantes no podemos tener las mismas ayudas? Sólo trabajamos seis meses, ya que en el resto no hay ferias. Si estudiamos la situación veremos que es un desagravio comparativo al sector, que tiene que vivir seis meses de los otros que trabaja. Además, como empresarios tenemos que asumir impuestos diferentes a los de un obrero y seguir pagando autónomos la mayoría del sector, sin ingresos. Por eso queremos que se nos ayude igual que a otros sectores que viven de temporada.

Aún así, con esos ingresos tenemos que preparar nuestras atracciones que son nuestro sustento.

− La unidad ante la adversidad parece que ha sido la clave. ¿De qué forma se han ayudado entre ustedes?

− Unirnos ha sido muy importante, especialmente en las redes sociales y en pocos meses organizados en una plataforma, Feriantes de Extremadura. Yo junto a otros dos compañeros, Francisco Vegas y Rufino Barata, fuimos nombrados representantes del sector. Así que sin creer lo que iba a suceder empecé esta lucha. Con muchas lágrimas en el camino, por escuchar a mis compañeros como lo estaban pasando, pues ver cómo las luces de colores y la música se convertía en algo oscuro y en silencio. Y sin que nadie nos escuchara.

Pero no quería o no podía dejar de luchar, como siempre he hecho en mi vida, luchar por todas las injusticias, primero bancaria y ahora a mi propio sector. No soy una mujer conformista y nadie me puede callar sin un argumento razonable. Por ello no me cansé de seguir luchando. Más aún cuando mis compañeros me apoyaron al cien por cien.

− ¿Cómo se gestó la vuelta a las ferias? ¿Qué sintieron al poder volver a hacer ruta tras tantos meses de inactividad?

− La vuelta a la feria no fue fácil. Conseguí que nos sentáramos en la mesa con el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. Él nos escuchó y después de mucha lucha fue nuestro primer apoyo y el más importante en Extremadura, pues apostó por este sector. Guillermo me conoce y sabía que yo no iba a cansarme nunca. Luego nos reunimos con el Consejero de Sanidad, José María Vergeles, y todo su equipo. Hablamos también con la oposición, que también puso de su parte y por un lado y otro conseguimos que se abrieran las puertas.

Y ahí empezaron nuestras primeras alegrías. Conseguimos un protocolo y una guía de trabajo que la FEMPEX distribuyó a los ayuntamientos extremeños. Luego hablamos con cada ayuntamiento, que en un 90% nos escucharon con alegría, pues aunque para ellos era una situación difícil, muchos apostaron por la realización de la feria.

En concreto, el alcalde de Olivenza nos apoyó mucho desde el principio, ya que permitió que se instalaran atracciones infantiles en varios puntos de la ciudad durante varias semanas, al margen de las ferias y fiestas.

Recuerdo que Oliva de la Frontera fue la primera feria que se abrió en su fecha en Extremadura y aun no teníamos el protocolo pero existía el borrador y no dudaron en realizar la feria. Estamos muy agradecidos a su equipo de gobierno. Aquel día llamé a muchos feriantes y les dije que se bajaran del camión para volver a nuestro mundo de fantasía, magia, alegría y color. Se pusieron a llorar, hombres luchadores que saben lo que es vivir por y para este mundo llamado feria.

− Ya en desescalada, algunos municipios no se han atrevido a celebrar sus fiestas. ¿Qué motivos alegan y por qué les niegan poder instalar?

− Cierto que muchos municipios no pudieron realizar las ferias, una mayoría por la situación del Covid en ese momento en su municipio, pero ellos siempre estuvieron apoyándonos, pocos no apostaron por la feria.

Una feria diferente, pero que la mayoría de alcaldes querían realizar porque pese a que creían que era un riesgo, también se apostaba por el derecho a la sonrisa de un niño, a la alegría de vivir sin tantas cadenas, que también nos matan psicológicamente. Es necesario tener libertad vivir, sentir, reír… Y ellos lo saben.

Por eso hemos demostrado qué los contagios no salen por montarse en una atracción ni de una feria, al aire libre y con medidas de higiene y seguridad.

− ¿Qué medidas extraordinarias están tomando en sus negocios o qué requisitos les exigen para poder abrir?

− Pues utilización de geles hidroalcohólicos, limpieza y desinfección de las atracciones, entradas y salidas de una atracción y las menos colas posibles. Además, también mayor distancia entre las propias atracciones. Y, sobre todo, mucho amor y oír nuestros clientes.

− ¿Cómo están transcurriendo las ferias que se están celebrando y qué espera de esta temporada?

− Las ferias en 2021 son ferias «covid», pero ferias. Los horarios establecidos nos repercuten mucho en lo económico, pero estamos contentos, pues volver a nuestro mundo nadie lo puede entender más que un feriante que ha nacido en ella. Esto o se siente o no, no hay término medio. El día que cada uno de nosotros vimos como nuestros camiones salían otra vez de las naves yo os puedo asegurar que lloramos de emoción. Es una profesión difícil, muy dura, pero la vivimos por cada poro de nuestra piel. Por eso cuando se apagan las luces de colores y se crea el silencio.

Se escucha el ruido de nuestros camiones y caravanas, que viajan a otro pueblo a llevar ilusión, magia y fantasía. A un padre, que disfruta de la sonrisa de un niño que se cree el mejor bombero en unos caballitos, o a esa novia que regala un beso cuando él le consigue ese peluche de sus sueños. Ese es el feriante.... alguien que solo lo ves una vez al año, pero que cuando lo ves te trae lo mejor y más necesario la alegría de vivir unos días con una sonrisa. Eso es la feria. Y por eso yo soy feriante y me siento orgullosa de serlo.