«El Milagro del Arroz fue una manifestación de Dios por los pobres y para los pobres»

Francisco González Santana, en la Capilla del Milagro, sita en la Casa Parroquial de Olivenza. /JUAN MIGUEL MÉNDEZ PEÑA
Francisco González Santana, en la Capilla del Milagro, sita en la Casa Parroquial de Olivenza. / JUAN MIGUEL MÉNDEZ PEÑA

Francisco González Santana, Medalla de Extremadura, Hijo Predilecto de Olivenza y testigo directo del Milagro del Arroz

Juan Miguel Méndez
JUAN MIGUEL MÉNDEZ

Francisco González Santana (Alconchel, 21 de noviembre de 1930) es, a sus 89 años, toda una institución en Olivenza. Y es que, además de dar nombre a uno de los museos etnográficos más importantes de España, ha sido testigo de primer orden de la vida social y cultural de la ciudad. Hijo del sastre oliventino José González Díaz y de la bordadora elvense Marta Santana Pasión, desde muy joven estuvo muy vinculado a la parroquia de Olivenza. Además, de promotor del resurgimiento de las cofradías de Semana Santa en la ciudad, con las que colaboró desinteresadamente, en 1968 empezó a dirigir la Casa Tutelar de Nuestra Señora de Guadalupe. También llegó a ser director de la Escuela de Música, de la rondalla de 'La Encina' junto a su primo Antonio González 'Mantequiña', de la Casa de la Cultura y de la Universidad Popular de Olivenza que fundó, además de desempeñar labores de protocolo en el propio Ayuntamiento, hasta que se jubiló. Por su trayectoria vital recibió la Medalla de Extremadura en 1991 y en 1996 fue nombrado Hijo Predilecto de Olivenza. A su edad, y pese a su activismo cultural, aún tiene tiempo para recibir a este diario en la capilla del centro parroquial, lugar donde también fue testigo directo del Milagro del Arroz, ocurrido en Olivenza en 1949.

- ¿Cómo alguien de Alconchel termina siendo Hijo Predilecto de Olivenza?

- (RÍE) Mis padres, que eran sastres, vinieron de Portugal y se establecieron en Alconchel, donde permanecieron cuatro o cinco años. Allí nació María Teresa, mi hermana mayor, y después yo y permanecimos hasta que yo cumplí un año y nos desplazamos hasta Olivenza, donde me bautizaron en la parroquia de Santa María Magdalena.

- Así que podemos considerar que se siente hijo de España y de Portugal...

- Hablo el portugués y lo entiendo... Pongo la televisión portuguesa tanto como la española, y la radio igual, y la entiendo perfectamente. Lo que ocurre es que no seguí hablando bien portugués porque mi madre, a pesar de ser portuguesa, nos dijo a mis hermanas y a mí que como habíamos nacido en España que habláramos español.

- Y desde muy niño siempre tuvo vocación religiosa...

- Bueno, además de tener vocación religiosa, desde chiquinino siempre tuve mucha fe porque mis padres, principalmente mi madre, me infundió ese amor al Señor y a la Virgen. Y eso se lo debo principalmente a mi madre.

- ¿Cómo fueron sus primeros años en Olivenza y cómo empezó a vincularse a la Parroquia?

- De pequeño estudié aquí y a la parroquia de Olivenza me empecé a vincular siendo un niño, cuando empecé a ser monaguillo con el párroco anterior a la llegada de don Luis Zambrano, y que era don Dionisio Pinto Palma. En el año 1945 llegó don Luis Zambrano Blanco y los monaguillos fuimos a recibirle y nos conocimos desde el primer momento en que llegó a Olivenza. Don Luis era un hombre caritativo, muy celoso de la parroquia y amante de los pobres al cien por cien.

- Y usted es ahora mismo uno de los pocos testigos directos vivos que presenciaron el afamado Milagro del Arroz... ¿En qué contexto social ocurrió?

- El Milagro fue en el año 1949, en que terminada la Guerra Civil, lo que reinaba era la hambruna, el hambre por todos los sitios y necesidades de toda clase. Y don Luis se dio cuenta de que había muchísimos niños que no comían al día, sólo una comida y si la comían, e igualmente muchas familias. Y entonces hizo lo que no hacen todos los sacerdotes: abrió las puertas de su casa, después de buscar por todo el pueblo a los niños más necesitados, y aquí en su misma casa les daba de comer todos los días, además de darle cultura general (las cuatro reglas, leer y escribir, nociones de Geografía e Historia...) y los tenía aquí recogidos. A mí me llamó y me dijo: «Paco, ¿te quieres venir conmigo»; y me dijo que para encargarme de aquellos niños, darles de comer y darles cultura general. Yo lo consulté con mis padres, porque por entonces contaba con unos 16 años, me dijeron que sí y me vine a la casa parroquial.

- Y como conocedor del día a día de la labor del ahora Venerable Luis Zambrano, ¿qué destacaría de él?

- Este sacerdote se caracterizó desde el principio por desvivirse por los niños, especialmente por los más necesitados. Además de darles de comer y educación, fundó con ellos una banda de cornetas y tambores, Los Cruzados, que llegaron a actuar en las procesiones de la ciudad y en otras localidades, y también una escolanía que yo dirigía. Para mantener esta situación se puso en contacto con la gente más pudiente de Olivenza, que hacían donaciones que se reflejaban en recibitos de los que aún conservo algunos ejemplares... Al ver que tenía ya muchas familias necesitadas que no tenían para comer por toda la ciudad, se puso en contacto con María Gragera, la directora general de la Institución Hogar de Nazaret que él mismo fundó, y acordaron que las familias que estaban en la máxima pobreza, tenían que comer, por lo menos los domingos. Y por eso se visitaba a la gente más pudiente de la ciudad para que se comprometiera a traer comida a la casa parroquial para que los más pobres pudieran comer los domingos; no puedo decir el número exacto de familias necesitadas, porque nunca las contamos, pero eran muchísimas. Y de ahí surgió el Milagro del Arroz.

El Milagro

- ¿Y por qué cree que tuvo lugar este Milagro en Olivenza?

- El Milagro del Arroz fue por los pobres y para los pobres, solamente. No hubo otra cosa. San Juan Macías, una de las cosas principales por las que se preocupó, fue la pobreza, antes y después de entrar en el convento.

- ¿En Olivenza había devoción por el entonces Beato Juan Macías?

- No. La devoción por el beato Juan Macías no se conocía y la trajo don Luis Zambrano, porque venía de su pueblo natal, Ribera del Fresno, donde estuvo de párroco, y la institución que fundó, el Hogar de Nazaret, donde estaba la cocinera de la casa parroquial, Leandra Rebollo. Empezaron a hablar de San Juan Macías y pusieron una pequeñita imagen, de un metro aproximadamente, en la parroquia, a la entrada de la puerta lateral, a mano derecha, en una peanita. La gente le cogió tanta devoción y le pasaban tanto la mano que hubo que retirar la imagen porque estaba ya descolorida y se subió a un altar donde actualmente está junto a un azulejo conmemorativo sobre el Milagro y su canonización.

- ¿Y cómo ocurrió el Milagro?

- Pues el domingo, 23 de enero de 1949, la cocinera de la casa parroquial, Leandra Rebollo, se quedó esperando a la señora que ese día le pertenecía llevar la comida que se iba a cocinar y finalmente no llegó. Leandra estuvo investigando a ver a quién le tocaba, pero al final vio que no había comida suficiente para dar a las familias, pese a que sí había para los niños que comían en la casa parroquial. Y ese domingo, resignada, pues se puso a cocinar sabiendo que no había comida para los pobres. Ella lo consultó con la directora y con la madre del sacerdote, doña Josefa, pues vivíamos todos aquí en la casa parroquial y éramos como una familia, en que yo me encargaba de cuidar de los niños desde por la mañana hasta las ocho de la tarde. Y ese día Leandra invocó a Juan Macías y ese fue el prodigio... Por mediación de San Juan Macías Dios se manifestó aquí multiplicando el arroz a la vista de toda la gente que quiso permanecer.

- ¿En qué momento fueron conscientes de que se trataba de un Milagro?

- Leandra Rebollo echó los tres puñaditos de arroz a cocer y, junto a otra religiosa, fue a comprobar cómo iba la cocción y se dio cuenta de que la ollita pequeña estaba a punto de rebosar mientras se calentaba en la hornilla de carbón que había en la cocina. La madre del sacerdote indicó que se cogiera con otro cazo para otro recipiente y se veía que seguía aumentando. Yo fui la cuarta o quinta persona que presenció el Milagro, pues llegué tras ayudar a la misa de domingo de la una de la tarde. Llamaron al párroco y llegó a la casa parroquial, cogió el cazo a esa hora y estuvo hasta las cinco de la tarde cogiendo el arroz de la olla pequeña y llenando las ollas más grandes.

- ¿Qué sensación tuvo usted en ese momento?

- Yo entonces tenía 18 años y lo más importante es que estuvimos viendo aquello y, en mi caso, me he dado cuenta de la importancia del Milagro a medida que han ido pasando los años... ¿Cómo era posible que se llenara las ollas de 15 y 20 litros con aquella olla pequeña? Eso fue lo que me quedó grabado, al igual que el arroz no se volvió a guisar más porque el aceite y condimentos que le echó la cocinera al arroz inicial duró hasta el final, al igual que el carbón que se tenía la hornilla. Toda la gente que venía veía el prodigio del Milagro...

- ¿Y cómo se supo aquel hecho en la gente de la calle?

- Pues enseguida, la gente se enteró porque se corrió la voz y acudió mucha gente. Yo mismo estaba alrededor del párroco mientras llenaba las ollas. Don Luis era muy prudente y no le gustaba que la gente viniera a la casa parroquial a pedir lismosnas y prefería que fuéramos nosotros a llevar las ollas a las casas de las familias, junto a las niñas que habían fundado el Colegio de Santa Teresa en la planta de abajo, y otras señoritas cooperadoras de la parroquia. A medida que las ollas estaban llenas se iban repartiendo. La única olla que aún se conserva está en Ribera del Fresno. Y esta capilla del Milagro, en la planta alta de la casa parroquial, aunque de nueva creación, ha quedado como testimonio de aquel sagrado hecho.

González Santana, explicando el Milagro del Arroz a escolares oliventinos.
González Santana, explicando el Milagro del Arroz a escolares oliventinos. / CEDIDA

Música y coleccionismo

- Otra de sus facetas es la musical... ¿Cómo se inició en la música?

- En mi familia ha habido muchos músicos. Mis tíos y mis primos, con violines, mi padre con la guitarra, mi hermana con el acordeón... Mi madre también era muy amante de la música y le gustaba escuchar música clásica y me llevó a la Academia de Música, a la Banda Filarmónica de Olivenza; allí había un señor, que no era profesor, ni mucho menos, pero se dedicaba a dar solfeo y a enseñar algún que otro instrumento, y a mí me enseñó un poco de solfeo y a tocar el clarinete, que lo estuve tocando en la Filarmónica de Olivenza durante cinco años. Después mi madre me buscó una profesora de piano, una señora que era esposa de un maestro de escuela y que sabía muy bien tocar el piano; y de ahí pasé a tocar el órgano, pero por mi cuenta. Debo decir que don Luis Zambrano era muy amante de la música, un hombre con una cualidad musical extraordinaria, y me estuvo pagando durante cinco cursos en la Universidad Pontificia de Salamanca de dirección de canto gregoriano y de escolanías.

- Y eso tuvo su repercusión en la vida cultural de Olivenza...

- Sí, porque yo seguí dirigiendo la escolanía de niños de la parroquia, además del coro de la parroquia, y amenizando con el órgano las celebraciones religiosas. Aunque actualmente también hay un coro de la Cofradía del Descendimiento dirigido por Manolo Sánchez, que fue alumno mío.

- Otro momento memorable fue su participación como organista en la película de 'Los Santos Inocentes'. ¿Cómo se forjó ese 'cameo'?

- Yo conocía a un señor de Olivenza, muy amigo mío, que era uno de los que se encargaban de las cuestiones musicales y se acordó de mí. Como la finca de Alburquerque donde se grabó la película no tenía armonio, se llevó el armonio que había en la iglesia de la Inmaculada Concepción de Olivenza, que fue el que toqué en la película. Para mí fue una experiencia bonita conocer a actores como Paco Rabal y el resto de artistas participantes.

- ¿Cómo se inició en el coleccionismo de antigüedades?

- Desde muy pequeñito. A mí siempre me gustaron las obras de arte, al igual que una tía mía que, cuando yo tenía 6 ó 7 años, me regaló una monedita de plata de Isabel II de un céntimo. Esa fue mi primera pieza y empecé a juntar antigüedades de mi familia, algunas llegadas de Elvas, de donde proveníamos. Después mucha gente de Olivenza me ofrecía cosas que iban a tirar y que yo incluso restauraba y quedaban como nuevas... De ahí me surgió mi entusiasmo por las antigüedades.

- ¿Y cómo surgió el Museo Etnográfico?

- Llegó un momento en que mi colección ya no cabía en mi casa... El primer museo surgió en realidad por los profesores del Colegio 'Francisco Ortiz', que durante una Semana de Extremadura en la Escuela animó a los niños a que implicaran a los padres para que dejaran antigüedades familiares y me buscaron a mí para montar una exposición, que fue un éxito porque se consiguió recopilar una gran cantidad de objetos, muchos muy valiosos. Le gustó tanto al pueblo que el entonces alcalde, Ramón Rocha, me propuso hacer un museo en la fortaleza, donde se iban hacer obras para hacer un museo.

- ¿Qué destacaría y de qué se siente más orgulloso del Museo?

- Para mí, la participación de la ciudad... Porque al principio yo iba por las calles y la gente me paraba para ofrecerme cosas para el Museo, sirvieran o no sirvieran, en un momento en que quizás no se valoraban suficientemente las antigüedades. Me cedían, incluso, llaves de casas que estaban ya sin habitar para que yo cogiera los muebles que quisiera para el Museo.

- Y en la Navidad de Olivenza también lleva su nombre una muestra de villancicos e impulsó la afición por el belenismo...

- También impulsé las primeras Cabalgatas de Reyes, que empezó con tres caballos nada más, y se creó la Comisión de la Cabalgata que presido. Esta comisión tuvo a bien organizar un concurso de Belenes que pasó a ser certamen porque consideramos que no era conveniente la competición, y que ya llega celebrándose dieciséis ediciones. Yo mismo aglutiné una importante colección de belenes que están en el Museo y en mi casa tengo cuatro dioramas que yo mismo monté en urnas, algunas muy antiguas, incluso en una de votación.

- ¿Y qué le queda por hacer?

- (RÍE) De momento ayudar en todo lo que pueda. El párroco actual ha puesto mucho empeño en difundir todo lo referente al Milagro del Arroz y cada año yo procuro aportar mi granito de arena, dando testimonio a los más jóvenes de lo que viví en primera persona.