

juan miguel méndez peña
Lunes, 2 de julio 2018, 17:14
Manuel González González (San Jorge de Alor, 5 de diciembre de 1954) dedicó sus esfuerzos no sólo a enseñar conocimientos, sino a «enseñar a aprender» y a transmitir principios y valores que niños y jóvenes de varias generaciones han puesto y ponen en práctica en su vida cotidiana.
- ¿Cómo preferías que te llamaran tus alumnos? ¿Don Manuel o Manolo?
- Cuando empecé a trabajar en la escuela, todavía el trato con el maestro era el de usted. En los tiempos que corren suena a 'viejuno', además de que los usos sociales tienden a sugerir que ese tutear supone más proximidad y confianza. Pero por entonces -1979/80- aún se respiraban aires del sistema autoritario en el que habíamos crecido los mayores, no ya las nuevas generaciones. De todos modos, para un recién llegado a la escuela, resultaba socorrido, sobre todo para procurar que no se te fuera de control un alumnado de hasta dieciséis años más o menos (los repetidores), porque... ¡vaya tela, con los niños a esas edades!
No obstante, duró poco la imposición del 'usted' y, una vez que los alumnos saben dónde están ellos y dónde está el maestro y conocen su responsabilidad, no sonaba mal, ni como falta de respeto que me llamaran de tú. En general, siempre me he sentido mejor cuando los niños me llaman Manolo (porque nos conocemos más) y los padres me tratan de usted (porque nos relacionamos menos). Excepto aquí en Olivenza que, como todos nos conocemos, todos nos tuteamos. Además he terminado dando clase a hijos de antiguos alumnos míos. Así que el 'tú' es obligado.
- ¿Docente por vocación, por obligación o por casualidad? ¿Qué te llevó a elegir esta profesión?
- Pues resulta difícil la respuesta, sobre todo, porque en aquella época pocas opciones de estudios había. Sí, vocación había y hubo. Y sigue habiendo. Obligación, no. Y casualidad tampoco. Lo que sí influyó bastante era que pagarse unos estudios fuera de casa era complicado para cualquier familia que dependiese del sueldo de un agricultor, además de que el sistema de becas era bastante escaso. Como muchos en parecidas circunstancias hubo que trabajar en el campo, en invierno y en verano, para ir cada día a Badajoz. No daba para ir más allá... Decidieron, por tanto, más bien las posibilidades, porque lo que me atraía era estudiar Derecho o Periodismo. Pero ahí llegué, no obstante, con toda la ilusión y ganas del mundo. Después ya sí, una vez que estaba trabajando pude ampliar mis estudios.
- ¿Cómo fueron tus inicios como docente y en qué centros y niveles has desempeñado tu trabajo?
- Estudié en la que entonces se llamaba Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de E.G.B. Comencé a trabajar como interino durante un curso y medio en Olivenza y San Pedro de Alcántara (Badajoz). Aprobadas las oposiciones, mi primer destino ya como funcionario fue el colegio 'San Cosme y San Damián' en el Prat de Llobregat. Tras dos años allí, en un centro difícil, ya estaba preparado para tratar de educar y enseñar a cualquier tipo de alumnado.
Regresado a Extremadura, pasé por Barcarrota, Villanueva del Fresno, Cheles, Higuera de Vargas, Olivenza, Granja de Torrehermosa, Higuera de Vargas y Alconchel. Hasta que volví a Olivenza, donde he permanecido los últimos doce años.
- ¿Has compatibilizado tu trabajo como docente con alguna otra labor?
- Sí, claro... En tres etapas a lo largo de mi dedicación a la enseñanza he podido dedicarme a otras funciones directamente relacionadas con la educación. En primer lugar, tras los primeros ocho años, me incorporé al que se llamó el Equipo Difusor de la Reforma Curricular (UPE-Badajoz). Unos años después obtuve una plaza como asesor del Centro de Profesores y Recursos (Badajoz), y una vez transferidas las competencias en Educación a la Junta de Extremadura desempeñé la función de jefe de la Unidad de Programas Educativos de la Dirección Provincial de Badajoz.
- Pero no sólo has sido maestro... ¿Siempre has tenido tanta curiosidad intelectual?
- Como decía antes, una vez que tuve posibilidades estudié y obtuve la licenciatura en Geografía e Historia en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y, posteriormente, el doctorado en Pedagogía en la Universidad de Extremadura. Esta enseñanza complementaria me ha servido de mucho para trabajar en todos los niveles educativos: desde Educación Infantil, pasando por todos los demás, incluida la Educación Compensatoria y la Educación de Adultos. Asimismo, durante diez cursos desempeñé la tarea de Profesor-Tutor en la UNED.
- A lo largo de esta dilatada experiencia profesional has vivido diversas normativas en materia educativa. ¿A qué crees que se deben tantos cambios legislativos en materia de Educación?
- Pienso que se debe a que, desgraciadamente, falta reflexión política y planteamientos compartidos respecto a lo que se entiende por enseñar y formar personas para el cambio social. Procurar compaginar lo que conviene conservar y lo que necesita impulsos renovadores debería ser el eje sobre el que hacer las leyes educativas. Y para establecer nexos con la realidad sería necesario dar mayor participación al profesorado que es quien mejor conoce la realidad. Porque la Educación no la cambian las leyes de cada color cada cuatro u ocho años. De hecho, las leyes y la propia educación van por detrás de la sociedad. Así que, yendo por detrás, cuesta coger el ritmo a los cambios sociales. De hecho, las normativas derivadas de las leyes, más que a repensar la educación y preparar personas para cambiar la sociedad, sirven solamente para preparar personas que se adapten a la sociedad y reproduzcan los esquemas tradicionales. Y eso no es avanzar, más bien es hacer personas sumisas ante lo ya establecido. Los alumnos no aprenden por sí mismos, no aprenden a aprender, aprenden lo que otros le enseñan de unos libros que recogen lo que otros saben. Por tanto, pocos cambios suponen.
Por otra parte, como decíamos antes, en tanto en cuanto que no haya un gran pacto por la Educación que la sitúe como base de los cambios sociales y se le dé la importancia que merece, además de implicar a las familias en el proceso educativo y un reconocimiento adecuado del trabajo de los maestros, no mejorará un sistema del que todos nos quejamos.
- ¿Cuál es la principal enseñanza que crees que has podido transmitir a tus alumnos?
- Como tú decías antes, lo que he intentado siempre ha sido enseñar a aprender, lo que supone poner a disposición del alumnado herramientas para conocer y disfrutar de su libertad, de la responsabilidad, de la solidaridad, de la creatividad y el espíritu crítico ante lo que oyen, ven, estudian o les dicen. Eso es lo que me he propuesto transmitir y me siento satisfecho con lo que puedo percibir de quienes han sido mis alumnos. A pesar de que esta profesión es poco gratificante socialmente, sí que me llena de orgullo ver que con los niños de ayer, a quienes pudimos enseñar (y también educar), podemos mantener un trato cordial, más allá de un simple saludo.
- ¿Echas de menos las aulas? ¿A qué dedicas el tiempo ahora que estás jubilado?
- Sí, las echo de menos. Es a lo que he dedicado mi vida y lo que mejor sé hacer. Aunque no me pesa haberme jubilado, pues puedo dedicarme a atender el huerto, a mi ritmo y con muchas ganas, ritmo que me rompe mi nieto que es la otra y principal dedicación.
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