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Imagen de la Virgen de Guadalupe en la iglesia de Santa María de la Magdalena de Olivenza.
GUADALUPE: «Si tú quieres, entre todos, podemos»

GUADALUPE: «Si tú quieres, entre todos, podemos»

En vísperas del Día de Extremadura, el autor del artículo defiende que la parroquia de Guadalupe pase a depender a las diócesis de Extremadura, por ser la Virgen de Guadalupe la única Patrona de una región de la que no depende eclesiásticamente

zacarías de la cruz escudero (guadalupex)

Jueves, 6 de septiembre 2018, 07:26

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde y ¿quién no ha recibido, alguna vez, a lo largo de su vida ánimos en los momentos difíciles?, porque mientras hay vida hay esperanza -nos recuerdan muchos- y nuestra asociación GUADALUPEX también necesita de esos ánimos en los momentos complicados

Esto viene a cuento por el difícil y duro trabajo que mantenemos para alcanzar que la alta jerarquía de la Iglesia dé su visto bueno para que la Virgen de Guadalupe, nuestra Patrona, dependa de los obispos de Extremadura y no del arzobispo de Toledo. La asociación GUADALUPEX (Guadalupe extremeña) está trabajando intensamente en ello desde su fundación porque ese es su fin. Hoy, pretendemos hacerlo desde esta tribuna que nos brinda el hiperlocal HOY Olivenza.

Queremos recordar algunos datos de esta larga, larguísima historia; porque una cosa es tener una gran devoción a la Virgen de Guadalupe e ir a visitarla a su santuario muchas veces al año, y otra es conocer un poco mejor su historia y no olvidarla.

Cuenta la leyenda que la Virgen se apareció a un pastor de vacas. Su imagen había sido escondida varios siglos antes cuando los musulmanes invadieron España y los cristianos huían hacia los reinos del norte. La escondieron junto al rio Guadalupe, lugar que por entonces dependía de la Iglesia cristiana-visigoda de Mérida. Andando el tiempo, en el siglo XIII, comenzada ya la Reconquista, se apareció a Gil Cordero que, siguiendo lo indicado por la Señora, fue a Cáceres su tierra -dice la leyenda- (no a Toledo), a comunicar al clero y autoridades lo sucedido Estos se desplazaron al lugar indicado por el pastor y dieron fe de lo que él les había contado. Allí se levantó una pequeña casilla o ermita para dar culto a la Virgen.

Cuando el rey de Castilla conquistó los llamados, ahora, Montes de Toledo y Villuercas, donó el territorio al que después sería Conde de Alburquerque que le había ayudado en la conquista, y éste, a su vez, lo vendió al arzobispo de Toledo para aumento de su territorio diocesano y repoblación.

El monasterio de Guadalupe fue regido por curas de Toledo al principio, hasta que se hicieron cargo los frailes jerónimos (1389) que, durante veintiséis años siguieron dependiendo del arzobispo. A partir de 1415, la Orden jerónima puso en práctica una bula del Papa por la que el monasterio «queda eximido de la jurisdicción diocesana» y, así, deja de depender del arzobispo; de esta manera, siguió exenta hasta la exclaustración y desamortización dictada por el régimen de Isabel II en septiembre de 1835. Durante todos estos siglos, el Prior tuvo en sus manos -por concesión real- el 'poder espiritual' y el 'poder temporal' de La Puebla. En lenguaje de hoy podríamos decir que, el Prior, era al mismo tiempo como 'obispo' (porque ya estaba eximido de la autoridad diocesana de Toledo) y alcalde del lugar.

La devoción popular a aquella imagen milagrosa fue aumentando sin cesar en aquellos tiempos, tanto que, los peregrinos venían ya de toda España y Portugal a rezar a la Virgen de Guadalupe. A sus pies se postraron reyes y grandes del reino, conquistadores, hombres de letras, misioneros y, sobre todo, el pueblo sencillo. La Puebla llegó a tener en sus años de auge cuatro hospitales, una famosa botica, escuela de medicina, jardín y huerta botánica Con los jerónimos, Guadalupe llegó a ser el gran centro espiritual y de peregrinación de toda España a la par que Santiago.

Llegaron nuevos tiempos y nuevas ideas que transformaron la vida política, social y religiosa. A los frailes y monjas se le obligó a abandonar los conventos y el gobierno expropió sus bienes. El monasterio de Guadalupe no se escapó de ello, lo dividieron en parcelas que fueron vendidas, y lo abandonaron de tal manera que estuvo a punto de desaparecer. Solo hubo una excepción: el templo, que fue convertido en parroquia salvándose con ello de la destrucción y del despojo. Ante esto, la nueva parroquia pasó a depender jurídicamente del arzobispado de Toledo, después de cuatro siglos dependiendo de los jerónimos, con la consiguiente «protesta, también jurídica, de los frailes». Por estas fechas, (1833), el gobierno hace una nueva división territorial de España y, Extremadura, quedó dividida en las provincias de Cáceres y Badajoz.

Ante esta situación desoladora creada en el monasterio por la desamortización, un grupo de ciudadanos extremeños, civiles y religiosos, escandalizados ante lo que veían, tomaron conciencia de la situación y reivindicaron Guadalupe a través de la Campaña llamada Pro Restauración del Monasterio; también organizaron una gran peregrinación apoyada por los obispos extremeños con el visto bueno de Sancha y Hervás arzobispo de Toledo. (El anterior arzobispo, Monescillo, no la había autorizado por considerarla de corte político). Con esto nos plantamos ya en el siglo XX en el que comienza una nueva etapa de concienciación y reivindicaciones.

De este movimiento salió la idea de la proclamación canónica de la Virgen de Guadalupe como Patrona de Extremadura, y así lo concedió el papa san Pío X en 1907. Al año siguiente llegaron los franciscanos, en buena hora, a aquel ruinoso y despojado monasterio. Gracias a sus desvelos y a su callado trabajo se ha recuperado el esplendor y la religiosidad del monasterio. El ciclo terminó con la coronación canónica de Santa María de Guadalupe como «Reina de las Españas».

Pero hay algo en el alma de los extremeños en general, que rechina; pues aunque la Virgen haya sido reconocida y proclamada canónicamente «Patrona Principal de toda la Región de Extremadura», continúa perteneciendo a la archidiócesis de Toledo y, por lo que conocemos, ella es la única Patrona de una Región de la que no depende eclesiásticamente, y sí de otra distinta. Y pasan los años, y pasan los siglos y todo sigue igual. ¿Por qué esta indiferencia y tardanza en dar la solución esperada a este problema?

A partir del concilio Vaticano II las demandas de la Iglesia extremeña han sido más claras y exigentes. Se luchó y consiguió ser Provincia Eclesiástica (1994); pero aún queda el problema de la Patrona y más, porque entonces no se les dio solución. Es necesario que el pueblo y su clero, todos unidos, tomemos mayor conciencia de los hechos y los conozcamos mejor, pues no basta la razón del corazón.

Estas cosas son y muchas más, las que han movido a la asociación GUADALUPEX a saltar a la palestra e informar insistentemente y trabajar fuerte, para que nuestra Patrona deje de pertenecer al arzobispado de Toledo y pase jurídicamente a la Provincia Eclesiástica de Extremadura que es donde debe estar.

Es bueno saber que nuestra asociación está en contacto permanente con nuestros obispos con los que se entrevista frecuentemente, y que hace muy poco, lo ha hecho con el presidente de la Conferencia Episcopal y el presidente de la Junta de Extremadura que apoyan la reivindicación.

¡Todos a Guadalupe! ¡Guadalupe extremeña, ya! ¡Viva nuestra Patrona!

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