El doctor Ribeiro e Castro, durante la entrevista concedida a HOY Olivenza. / CEDIDA

«Olivenza es un tesoro patrimonial y cultural, pero también un tesoro moral, humano y espiritual»

José Duarte de Almeida Ribeiro e Castro, abogado y político portugués con estrecha relación con Olivenza

Juan Miguel Méndez
JUAN MIGUEL MÉNDEZ Alconchel

Si hay alguien que ha venido apostando con verdadero ahínco por el estrechamiento de los lazos entre España y Portugal, con Olivenza como punto de encuentro, ese es José Duarte de Almeida Ribeiro e Castro (Lisboa, 1953) abogado portugués con una dilatada trayectoria política y social desde el ámbito municipal hasta el comunitario, al llegar a ser diputado en el Parlamento Europeo. Su figura ha sido clave para que los oliventinos hoy puedan adquirir también la nacionalidad portuguesa. HOY Olivenza hace balance en exclusiva con el doctor Ribeiro e Castro de su bagaje institucional y su relación con Olivenza.

- ¿Recuerda cuándo fue la primera visita y qué sintió al conocer Olivenza?

- Fue a finales de 1974. Mi padre vivió en Badajoz unos meses y yo iba a verlo muchas veces. En una de estas visitas, aproveché para hacer una visita rápida a Olivenza. Vi la ciudad, me gustó, respondí a mi curiosidad, pero no sentí nada especial. Tenía 20 años, la visita fue muy rápida. Fui solo, no conocía a nadie. De hecho, la vi, pero no conseguí entenderla.

Luego, en 1980, viniendo del sur de España, de luna de miel, pasé por la carretera al lado de Olivenza, solo para mostrarle a mi esposa dónde estaba. Pero ni siquiera entramos. Regresábamos a Lisboa y no paramos. Estaba muy lejos de entender y sentir el misterio y el hechizo de Olivenza.

− Como portugués, ¿qué le ha llevado a defender la biculturalidad oliventina?

− Fue una intuición instantánea en 2010, cuando conocí a los oliventinos de Além-Guadiana, una asociación extinta hace poco, que dejó un legado extraordinario. Para mí, Além-Guadiana forma parte del patrimonio moral más profundo y rico de la Olivenza moderna.

Fui presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea de la República -el parlamento portugués– y estaba tramitando una petición que estaba pendiente y olvidada desde 2005. Fue a través del Grupo de Amigos de Olivenza, una asociación portuguesa con cierta tradición, que me enteré de la existencia de Além-Guadiana. Yo quise también escucharlos y fue amor a primera vista. Nunca más dejamos de hablar y terminamos haciéndonos amigos, muy amigos. Los llamé 'Los Tres Mosqueteros', que también fueron cuatro: Quini, Eduardo, Raquel y José António.

De ellos escuché el discurso y la perspectiva de la biculturalidad. Ni siquiera tuvieron que explicármelo. Lo entendí de inmediato y las ideas comenzaron a venir a mi mente instantáneamente también. Es la respuesta inmediata al bloqueo en el que la cuestión de Olivenza está empantanada desde hace muchas décadas. Es la forma de caminar con inteligencia y sensibilidad, de una manera respetuosa de la historia y generosa con la gente.

Como dije en el discurso en el que me despedí del parlamento portugués en 2015, es natural que en las fronteras entre dos países haya casos de vivencia bicultural, ósmosis de personas y culturas que conviven intensamente y se entrelazan. Y casos en los que las líneas no son tangentes, sino secantes, es decir, en los que se superponen los dos vecinos. Olivenza es un caso así, generado por una historia única y singular.

Eso es lo que es la biculturalidad oliventina. «Nuestra pequeña Alsacia», como la llamé en aquel discurso. De hecho, un caso aún más raro y precioso, absolutamente único en el mundo, que debemos mirar con mucha ternura.

− ¿Cuáles son, a su juicio, las principales dificultades que hoy día se tienen que superar para diluir La Raya, tras tantos siglos de enfrentamientos?

− El desarrollo transfronterizo es absolutamente fundamental para el progreso de las zonas fronterizas y el bienestar y la riqueza de su gente. Estos son territorios que, a lo largo de los siglos, han sido en gran parte olvidados porque son tierras de separación y, a menudo, de conflicto.

Esto sucede en ambos lados de la frontera, pero es peor en el lado portugués. Las políticas territoriales de Portugal son mucho peores que las de España. En España hay problemas a este respecto, pero los problemas portugueses son peores. A menudo llamo la atención sobre el hecho de que la ciudad de Badajoz, por ejemplo, tiene más gente que todo nuestro distrito de Portalegre, el equivalente a vuestras provincias.

Portugal creció hacia el mar, de cara al Atlántico, y estas tierras son la retaguardia lejana, el «interior», como decimos: poca inversión, menos atención, más pobre, con tendencia a la desertificación.

Ahora bien, en rigor, si miramos las relaciones con el mercado peninsular y con el conjunto de la Unión Europea, estas tierras no son «tierra adentro», sino la «playa nueva», una especie de «costa terrestre». Ahí es por donde pasa casi todo para llegar a España, Francia, Alemania, Italia, etc. Y por aquí también es donde entra casi todo lo que proviene del comercio eurocomunitario. No es así solo en las relaciones comerciales, sino también en todo lo demás: relaciones humanas, sociales, culturales, científicas, deportivas, etc. Es por este interior rayano por donde pasa todo, para un lado y para otro. Por lo tanto, es difícil entender el retraso y la demora en comprender el nuevo ciclo comercial y en hacer un mejor uso de estos territorios transfronterizos, invirtiendo e implantando nuevos recursos, humanos y otros recursos productivos.

Cuando estuve en el Parlamento Europeo, fui relator de la red EURES, una línea de cooperación europea en materia de empleo y movilidad profesional en el espacio europeo. Hay un segmento específico que me interesó mucho: EURES-T, es decir, transfronterizo. Son pequeñas estructuras que buscan facilitar y estimular el mercado laboral local transfronterizo: es decir, no alguien que va a trabajar a Finlandia o Bulgaria, sino la gente de Elvas que trabaja en Badajoz, o viceversa; los de Cáceres que van a trabajar a Marvão o Portalegre, o al revés; y así sucesivamente, a través de la raya hispanolusa, desde la desembocadura del Miño hasta la desembocadura del Guadiana. Cuando hice mi informe, en 2002 ó 2003, recomendé que estas estructuras y mecanismos se multiplicaran en toda nuestra raya –entonces, solo había una, en la frontera Miño / Galicia-. Veinte años después, se ha avanzado poco. Algo ya se está desarrollando en las fronteras Alentejo / Extremadura y Algarve / Andalucía, pero tiene poco eco. Todo va demasiado lento y falta el resto de La Raya. Este concepto de mercado laboral transfronterizo es decisivo para impulsar toda la economía de la frontera. Es la movilidad europea sin necesidad de emigrar, sin tener que salir de casa.

Ribeiro e Castro, junto a Marcelo Nuno Duarte Rebelo de Sousa, presidente de la República de Portugal. / CEDIDA

− Alguien como usted que ha representado a los portugueses en todas las instancias, desde las municipales hasta las europeas, ¿dónde se ha sentido que su acción política ha sido más útil para la ciudadanía?

− Todos estos niveles son importantes. En todos podemos, y debemos, servir a la ciudadanía. Le doy ejemplos.

En Sintra, cuando era presidente de la Asamblea Municipal, creé y aprobé un sistema específico de 'tarifa de agua familiar', para dejar de penalizar a las familias numerosas. El precio del consumo de agua aumenta a medida que aumenta el consumo, lo que es correcto a fin de penalizar el desperdicio o el consumo de lujo. Pero las familias numerosas consumen más, porque son más personas, no porque sean descuidadas. Lo arreglamos. Posteriormente, muchos otros municipios adoptaron la misma idea, con el mismo u otros sistemas que quisieron definir.

En la Asamblea de la República, el parlamento portugués, hice de todo, desde lo más complejo hasta lo más simple. Por ejemplo, me gustó mucho el trabajo, en 2011, para que el gobierno acelerara la disponibilidad de un nuevo fármaco, muy caro («tafamidis»), que era la alternativa al trasplante de hígado, la única solución para los pacientes con paramiloidosis. Es una enfermedad antigua, crónica, hereditaria, una enfermedad mortal muy común en las zonas de pesca. Yo era diputado por Oporto y este era un problema muy sentido en Vila do Conde y Póvoa de Varzim.

También en el Parlamento Europeo se puede trabajar por la ciudadanía. Recuerdo, por ejemplo, el extraordinario trabajo realizado durante varios años (en los que también participé) para reducir primero y luego eliminar las tarifas de «roaming» de las comunicaciones a través de teléfono móvil en la Unión Europea, que eran desorbitadas. O el trabajo por los derechos humanos que hice, todos los años que estuve allí, en torno al Premio Sájarov. Los ganadores en 2001 (el arzobispo D. Zacarias Kamwenho, angoleño) y en 2007 (Salih Mahmoud Osman, sudanés, de Darfur) fueron candidatos propuestos por mí. Es muy gratificante en el plano humano poder acudir al rescate y apoyo de quienes destacan, enfrentando situaciones de guerra o persecución y que, a pesar del peligro, persisten en la defensa de la paz y del respeto de los derechos fundamentales.

− Fue clave al crear una ley que posibilitase la nacionalidad portuguesa a los descendientes de judíos sefardíes expulsados de Portugal en 1498. ¿Qué ha supuesto esto para el mundo sefardí?

− Fue una medida muy importante. Fue muy bonito ver al Parlamento portugués aprobar esta ley en 2013 por unanimidad, lo que reforzó enormemente la trascendencia política del gesto. También recuerdo la notable contribución de la diputada socialista María de Belém.

La expulsión de los judíos a finales del siglo XV, además de dolorosos episodios de tragedia, fue un error colosal que cometió Portugal en ese momento. Esto ya había terminado desde finales del siglo XVIII y principios del XIX. Pero faltaba algo más para restablecer la conexión fundacional de Portugal con las comunidades sefardíes y su historia. Lo que faltaba era esta ley abierta y generosa.

La ley fomenta el regreso de quien quiera y también el entrelazamiento en el mundo entre la diáspora portuguesa y la sefardí, ambas, ahora, nuevamente portuguesas, lo que puede tener grandes potencialidades económicas, sociales, culturales y políticas. Es una ley que hace justicia a la Historia de Portugal. Los judíos ya estaban aquí, hace muchos siglos, cuando nació Portugal. Desempeñaron un papel importante en la formación de la nación portuguesa y trabajando con nuestros reyes.

− Igualmente, fue uno de los principales impulsores para que los oliventinos y sus descendientes hoy puedan solicitar también la nacionalidad portuguesa. ¿Cómo se planteó la iniciativa y qué dificultades tuvieron que superar al principio?

− Sí, fue una bendita osadía. La idea nació de las primeras conversaciones en la Asamblea de la República con los amigos de Além-Guadiana. Me hicieron la pregunta si era posible y respondí que lo creía, pero que necesitaba estudiar para confirmarlo. Es intuitivo: si la posición jurídica del Estado portugués siempre ha sido que Olivenza es tierra portuguesa, entonces quien haya nacido en Olivenza es, para Portugal, portugués, si lo quiere. Confirmé el régimen legal y verifiqué que no había conflicto con la ley española, que admite la doble nacionalidad en algunos casos, incluidos los que sean portugueses.

Além-Guadiana también evaluó cuidadosamente el tema con otros oliventinos y, a finales de 2012, decidió seguir adelante, ocupándose de los expedientes de quienes quisieran obtener la nacionalidad portuguesa. Se anunció públicamente, en la calle, en presencia del alcalde y todos los concejales, en un festival de 'Lusofonías', en el que también estuve presente.

A continuación, fue definir y acordar con los servicios de registro portugueses los canales administrativos adecuados, lo que tardó unos meses más en aclararse. Al final, aún quedó un problema por resolver, fruto de la era informática en la que hoy trabaja la administración. A finales de 2014, finalmente se entregaron los primeros cien certificados de nacionalidad portuguesa. En el primer semestre de 2015, volvieron a surgir problemas administrativos relacionados con la informática para poder emitir los Documentos de Identidad para los oliventinos portugueses, en varios registros: fiscal, sanitario, residencia, seguridad social. Desde la segunda mitad de 2015, todos los caminos burocráticos se han despejado. Solo hay algunas situaciones específicas más difíciles que todavía intentamos resolver más rápidamente.

En general, podemos decir esto: los nacidos en Olivenza después de 1981, que sean hijos de portugueses (madre o padre), pueden ver reconocida la nacionalidad portuguesa desde el nacimiento, sin necesidad de renunciar a la nacionalidad española. Y, para los que nacieron antes de 1981, el hecho de haber nacido en Olivenza es suficiente, sin necesidad de que uno de los padres sea portugués. No es una ley especial para Olivenza; no, es la ley general portuguesa aplicada a Olivenza y Táliga. Luego están otras ventanas para determinadas situaciones específicas y, en el último caso, un régimen de naturalización menos exigente, que mira, por ejemplo, hacia las comunidades de ascendencia portuguesa.

Ha sido un trabajo con mucha perseverancia, que los oliventinos deben agradecer a Quini y Eduardo. Solo ayudé a definir los caminos. Y lo hago con mucho gusto y alegría. Esta doble nacionalidad es la expresión más exuberante e intensa de biculturalidad de la que hablábamos desde el principio.

− ¿Y qué sintió cuando ha tenido la oportunidad de venir a Olivenza a la entrega de las credenciales?

− Una emoción extraordinaria, imposible de expresar con palabras. Incluso hoy parece imposible lo que se ha hecho. ¿Y cómo se hizo? Caminando. Fue solo eso. Nos metimos en el camino... y aquí estamos.

Hacer posible lo «imposible» es más fácil de lo que piensas. Y es muy divertido. ¿Como se hace? Ya dije: caminando. Pero caminar con el corazón, caminar con la verdad, caminar con sencillez, sin grandes deslumbramientos, ni planes delirantes.

Além Guadiana, como yo, hicimos esto, ¿por qué? Para ir al encuentro del sentimiento y la voluntad de los oliventinos que lo sintieron y lo quisieron. Ver esto en la entrega de credenciales es una alegría sin igual.

Ribeiro e Castro, con a Manuel J. González Andrade, alcalde de Olivenza, el 9 de abril de 2018, en su primera visita a la sede de UCCLA en Lisboa, junto al retrato de Nuno Abecasis, que ideó e impulsó la UCCLA en los años 80. / CEDIDA

- También tiene una dilatada experiencia en el ámbito social, cultural e incluso deportivo. ¿Qué puede destacar de sus esfuerzos por acercar Olivenza a Portugal y Portugal a Olivenza?

- Ya he participado en varios actos que son muy importantes. Merecen renovarse siempre y continuar, con los amigos oliventinos a la vanguardia. Recuerdo las sesiones sobre portugués oliventino, concursos de literatura, celebraciones históricas (por ejemplo, en el 500 aniversario del 'Foral' manuelino, la carta de autonomía local de Olivenza de nuestro rey D. Manuel I), la conmemoración anual, desde 2016, del 10 de junio (Día de Camões y de Portugal), misas en portugués en la magnífica iglesia de Santa María Madalena, el intento de acercamiento deportivo con el Sporting Clube de Portugal, la participación en Lisboa de la Filarmónica de Olivenza en los Desfiles Nacionales de Bandas del 1 de Diciembre (evento que creé y organicé), la promoción turística de Olivenza en Portugal, la promoción de la cooperación empresarial, y otras líneas de trabajo. Continuaremos, pero Portugal necesita hacer mucho más, especialmente en lo que respecta a la enseñanza del portugués y la cooperación cultural abierta del Estado portugués con Olivenza. Siempre estoy en acción cívica y política para explicar a mis compatriotas y a portugueses con relevancia política y en los medios de comunicación cuáles son estos acontecimientos recientes que se están produciendo en Olivenza y cómo deben ser seguidos y apoyados. Es una pasión.

− Alguien como usted que ha abierto puertas a Olivenza en el espacio lusófono, ¿qué supone en lo económico para Olivenza su pertenencia a la União de Capitais de Cultura e Língua Portuguesa (UCCLA)?

− Olivenza se asocia con varias ciudades en todos los continentes. Estará en diálogo directo y cooperación con 55 ciudades, como Lisboa y Oporto, Brasilia y Río de Janeiro, Luanda y Maputo, Praia (en Cabo Verde) y Macao (hoy, en China), por nombrar solo algunas. Una oportunidad de oro para que Olivenza se promocione a nivel internacional, se dé a conocer, atraiga interés, inversión, turismo... Seguramente contará con el apoyo de Lisboa y otros en Portugal, además de la simpatía y curiosidad de todos los demás.

- Es usted un embajador de Olivenza. Como personalidad querida y respetada en esta ciudad, ¿qué queda por hacer en pro de la identidad oliventina?

- Volveré donde lo dejamos hace poco: enseñanza de portugués y cooperación cultural abierta con Olivenza. Y le sumo: la difusión internacional del carácter oliventino y de su experiencia bicultural.

Olivenza es un tesoro: un tesoro por su patrimonio, pero también un tesoro moral, un tesoro humano y espiritual, un tesoro cultural. Será necesario saber crecer en esta línea. Este es un trabajo para muchos años, haciendo Olivenza cada vez más atractiva.

En la enseñanza del portugués y en la cooperación cultural oficial con Portugal, lamentablemente, las cosas están tardando más de lo debido. Aquí, todavía hay sensibilidades políticas y diplomáticas que se interponen en el camino y bloquean. Mi tesis es que Portugal debe asumir que ve a Olivenza como «territorio portugués bajo administración española», fórmula que permite a los dos Estados vecinos (España y Portugal) mantener, cada uno, la posición que tienen sobre la cuestión iniciada en 1801, pero, al mismo tiempo, poder trabajar sin complejos en proyectos y áreas de interés común, sin perder la cara entre sí.

El camino es: comprender las posiciones de los dos Estados y caminar en común sin afectar la posición del otro. La disputa lleva 200 años. Puede que dure otros 200 años, no lo sabemos. Pero, mientras tanto, debemos servir a las personas y las tierras, en paz y progreso, sin quebrantar nuestras propias posiciones.

Sin embargo, como ya lo demostraron los festivales Lusofonias de Além-Guadiana, se puede avanzar en la búsqueda de apoyo y cooperación de entidades privadas no estatales. Me gustaría ver, por ejemplo, en Olivenza, un festival anual de música hispano-lusófona, con sonidos de nuestra Península, África y América. ¿Es un sueño? Quizás. Pero hay buenas experiencias de festivales de verano muy conocidos, aquí muy cerca, en el Alentejo. Y el sueño es lo que nos empuja hacia adelante.

Debemos tener esto en cuenta: es la cultura la que tiene que ser el motor de todo este proceso. La economía es decisiva, pero no tengo ninguna duda respecto a este tesoro que es Olivenza y su alma: la cultura es la palanca, es la cultura la que marca el camino y genera atracción. Es la cultura, la biculturalidad, que puede hacer que Olivenza sea más grande. La economía seguirá detrás, porque la cultura atrae y llama.