Luis Alfonso Limpo en la abacería-restaurante 'La Paz Barata', delante del retrato de Wellington. / JUAN MIGUEL MÉNDEZ PEÑA

«La solución no pasa por devolver Olivenza para recuperar Gibraltar»

Luis Alfonso Limpo Píriz, archivero-bibliotecario municipal, Cronista Oficial de Olivenza y autor del libro 'Wellington y Olivenza: ¿El Gibraltar portugués?'

Juan Miguel Méndez
JUAN MIGUEL MÉNDEZ

Si hay alguien que conoce la historia de Olivenza en profundidad es Luis Alfonso Limpo Píriz (Olivenza, 1958), quien a lo largo de su vida profesional se ha dedicado a estudiar al detalle. Licenciado en Ciencias de la Información, es desde 1998 correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, desde 2009 de la Real Academia de Extremadura de las Artes y las Letras, y en 2016 fue nombrado académico correspondiente español de la Academia Portuguesa de la Historia. Y es que en sus obras el leitmotiv gira en torno al papel histórico que ha tenido Olivenza en las relaciones entre España y Portugal. Su última obra, 'Wellington y Olivenza: ¿El Gibraltar portugués?', fue presentada la semana pasada en la Semana de la Lectura de Olivenza y en la Feria del Libro de Badajoz.

−¿Qué le llevó a escribir esta nueva obra?

−La necesidad de refutar el mito historiográfico del irredentismo nacionalista portugués, que establece falsos paralelismos entre los casos de Gibraltar y Olivenza. Para vender el futuro de una Olivenza libre del yugo español lo primero es falsear el pasado. Prostituyen la Historia como ciencia. Es lo mismo que se ha hecho en el País Vasco y Cataluña y está haciendo ahora Putin para justificar la agresión a Ucrania.

−Parece que lo suyo es reforzar la españolidad de Olivenza y combatir la denominada 'cuestión de Olivenza'...

−Defiendo, efectivamente, la legalidad de la soberanía española sobre Olivenza, que dimana del Artº 3º del Tratado de Badajoz de 1801, nunca anulado, como se vocea, por el Artº 105 del acta final del Congreso de Viena (1815). Pero defiendo, sobre todo, el desempeño de la historia como un ejercicio crítico, sujeto a un método que establece garantías procesales que ningún investigador debe violar. Los historiadores portugueses que no hagan de la Historia una continuación de la Política, pero por otros medios, pueden llegar a las mismas conclusiones que yo, con independencia de la nacionalidad de cada cual.

−¿Qué papel tuvo Wellington en que Olivenza no volviera a manos portuguesas en 1811?

−Fue quien obligó, con su autoridad y prestigio, a que los portugueses arriaran la bandera portuguesa de lo alto del castillo y devolvieran la plaza al general Castaños. España le debe a Inglaterra, por la mediación de Wellington, la preservación de su integridad territorial en el rincón del Guadiana fronterizo.

−Por su conocimiento minucioso de la historia de Olivenza en la primera mitad del siglo XIX, ¿qué le lleva a defender que actualmente no es el Gibraltar portugués? ¿Hay algún matiz en la comparación?

−Ambos casos son residuos contaminantes de procesos históricos concluidos. En el caso de Olivenza, residuo de baja intensidad, un rescoldo vivo por la incuria historiográfica española. Ya dice el refrán que quien calla otorga. Gibraltar en cambio es un residuo del colonialismo, pero más peligroso. Pensemos en el narcotráfico, en los submarinos nucleares, en el dinero negro que allí se lava, etc. España, a pesar del mandato de la ONU, no ha sabido resolver el contencioso políticamente, ni siquiera después de haber pertenecido ambos países al mismo club comunitario. Son casos muy diferentes, pero entre ellos hay vasos comunicantes, como bien advirtió Máximo Cajal. Claro que la solución no pasa por devolver Olivenza a Portugal para que el Reino Unido nos devuelva el Peñón, como pretenden los irredentistas.

−¿De qué fuentes históricas ha bebido para la defensa de su tesis?

−De diferentes archivos del Reino Unido, Francia, Portugal y España, aparte de una amplia bibliografía.

−En su nueva obra defiende también el papel del general Castaños para evitar que Olivenza volviera a manos portuguesas en 1811. ¿Qué visión de Olivenza tenían los franceses durante la ocupación?

−Castaños estuvo al quite para frustrar en abril de 1811 la segunda edición de lo que ocurrió en Gibraltar en agosto de 1704. Si los ingleses habían dado aquel golpe aprovechando la Guerra de Sucesión… ¿Por qué no iban a darlo también ellos, aprovechando la Guerra de la Independencia? En previsión de lo que pudiera ocurrir Castaños buscó la complicidad de Wellington para evitar la zancadilla portuguesa. Olivenza, para los franceses, era un anzuelo con el que entretener a los aliados y retrasar lo que de verdad les importaba conservar: Badajoz, llave de paso en la izquierda del Tajo.

−En su opinión, ¿qué queda del irredentismo portugués?

−Queda lo esencial, el huevo de la serpiente, el mito historiográfico y jurídico que lo sustenta y lo consagra en los sucesivos textos constitucionales portugueses. Su expresión más dolorosa es la negativa del Estado portugués a reconocer formalmente la frontera establecida en el Tratado de Badajoz, y ello en la Europa sin fronteras de Maastricht. Las consecuencias están a la vista de todos: la exclusión de Olivenza de la eurociudad y el bloqueo de la recuperación del histórico puente de Ajuda. La Olivenza bilingüe y abierta a dos culturas, bla-bla-bla es un mito turístico. La realidad es que, dos siglos después, la Guerra de las Naranjas aún no se ha cerrado. Hasta que Portugal no reconozca la frontera del Guadiana, hoy Alqueva, no podrá haber una relación plena entre Portugal y España. Gibraltar es también la piedra de toque en la normalización de las relaciones hispano-británicas.

−Tras este minucioso estudio sobre la Olivenza de la Guerra de la Independencia, ¿en qué seguirá investigando como cronista oficial?

−Mi libro acaba en 1812. Pero la reclamación portuguesa de Olivenza, lejos de zanjarse con la caballerosa decisión de Wellington, se avivó al término de la Guerra de la Independencia, obteniendo un rotundo éxito en el Congreso de Viena (1815). Si tengo salud y tiempo me gustaría dar a conocer la derrota diplomática que Wellington sufrió en Viena a manos del habilísimo y tenaz embajador portugués. D. Pedro de Sousa y Holstein. Por supuesto, se aprovechó de la candidez del embajador español, D. Pedro Gómez Labrador. Un absolutista cazurro y, para más inri, extremeño rayano, de Valencia de Alcántara.

−Como bibliotecario municipal, ¿en qué proyectos está trabajando?

−A dos años escasos de mi jubilación el proyecto más ilusionante es dotar a la institución de una nueva sede, capaz de albergar sus numerosos fondos, accesible y adaptada a las necesidades de la Sociedad de la Información. Aún no he perdido la esperanza de que la planta baja del antiguo Cuartel de Caballería, descartado el vergonzoso Museo de la Caza, pueda albergar tanto la Biblioteca como el Archivo Histórico Municipal. Ahora mismo la conservación de los fondos está amenazada por filtraciones de agua en las cubiertas, pues los excrementos de las palomas obstruyen los bajantes.

−También es responsable del archivo municipal. ¿Qué queda por hacer él?

−Gracias al apoyo de la Diputación Provincial una buena parte de sus fondos se han digitalizado, con lo cual resulta más accesible a los investigadores. Pero están pendientes de catalogar aún documentos que mucho interesan a Olivenza y han sido recientemente digitalizados por los archivos nacionales de la Torre del Tombo de Lisboa, como el expediente completo del Congreso de Viena.