La inestabilidad del tiempo desluce la procesión del Descendimiento el Jueves Santo

Imagen del paso de misterio del Descendimiento. /CEDIDA
Imagen del paso de misterio del Descendimiento. / CEDIDA

La procesión de las banderas, organizada por la Hermandad de la Misericordia, pudo celebrarse con normalidad

Juan Miguel Méndez
JUAN MIGUEL MÉNDEZ

Los pronósticos meteorológicos no impidieron que se llevara a cabo la tradicional procesión de las banderas, organizada por la Hermandad de Nuestra Señora de la Misericordia, que salió en la tarde del Jueves Santo desde la capilla del Espíritu Santo.

Numerosos hermanos ataviados por la hopa o balandrán negras compusieron en cortejo en el que salieron las diez banderas o lienzos de principios del siglo XVIII que representan la Pasión y Muerte de Jesucristo, junto a la de la Virgen de Misericordia, titular de la Hermandad, que cobija bajo su manto al pueblo portugués, una reminiscencia lusa más de la Semana Santa oliventina.

Con el acompañamiento musical de la Banda de la Sociedad Cultural 'La Filarmónica' de Olivenza discurrió la procesión que encabezaba el Cristo del Consistorio, tallado en 1818 por el escultor real portugués Joaquim Joze de Barros.

Siendo el Jueves Santo el día en que se conmemora el Sacramento de la Eucaristía y la institución del sacerdocio entre los cristianos, también se celebró misa a las 17.00 horas en la capilla del Espíritu Santo, en la Santa Casa de Misericordia, a las 18.00 horas en la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, y a las 19.30 horas en la iglesia de Santa María del Castillo.

Momento de la procesión de las banderas, de la Hermandad de la Misericordia.
Momento de la procesión de las banderas, de la Hermandad de la Misericordia. / CEDIDA

El Descendimiento

La noche del Jueves al Viernes Santo se preveía con amenaza de precipitaciones. Por ese motivo la junta de gobierno de la Cofradía del Descendimiento decidió arriesgarse y echarse a la calle, aunque con un recorrido más corto del programado.

El silencio de la noche, sólo roto por el ruido de las cadenas arrastradas por los penitentes, el sonido del timbal destemplado y los golpes de la matraca, hizo que las calles de Olivenza por las que discurrieron los pasos del Descendimiento de Jesús de la Cruz -junto a la talla de María Magdalena y la de San Juan Evangelista- y el paso bajo palio de María Santísima de la Soledad, portado por 30 costaleros dirigidos por los capataces Juan Jaramillo Figueredo y José Juan Gil Ferrera, atrajera a fieles y público que conocen de la sobriedad y recogimieno de esta estación de penitencia oliventina.

Magistralmente dirigido por los capataces Arturo del Moral Valero y Manuel Vidigal Rodríguez, los 28 costaleros del Descendimiento entraron y sacaron del templo de la Magdalena el trono con su trote cochinero y a pesar de las dimensiones del paso de misterio y el arco de medio punto de la entrada principal de la iglesia.

Con la amenaza de lluvia las componentes de la Hermandad de la Soledad, ataviadas con las tradicionales mantillas, junto con su paso bajo palio, cerraron a procesión y entraron en el templo donde aguardaba el paso del Descendimiento y donde fue recibido con la Salve cantada por Antonio Ferrera Martínez, con el acompañamiento al órgano de Manuel Sánchez Píriz.

La iglesia de Santa María Magdalena se llenó para presenciar otro de los momento cumbres y más emotivos de la Semana Santa oliventina: el descendimiento de la imagen de Cristo de la cruz, la presentación ante la Virgen de la Soledad y la exposición al pueblo en el altar mayor del templo, donde los fieles pudieron adorarle para finalizar el acto.