El Meegs elige como primera pieza del mes del 2026 una muñeca cojín o boudoir
Creadas en el S. XVIII a diferencia de las muñecas de juguete, son obras únicas e irrepetibles, realizadas a mano con procesos no industriales con gran variedad de técnicas y materiales
El Museo Etnográfico Extremeño González Santana ha elegido como pieza del mes de enero una muñeca boudoir. Esta pieza que se expone viste traje de época de color rosa, con sobrefalda y aplicaciones de blonda en el delantero y en el cuello. Este se eleva por detrás de la cabeza gracias a un alambre. La falda es larga y amplia y se ahueca con dos enaguas, la interior, más corta, con aro para darle volumen.
Como ornamentación, el vestido cuenta con aplicaciones de otro tejido más grueso y de color marrón, en la falda, así como a lo largo de las mangas y en el borde de la sobrefalda.
Un broche y unas flores de tela adornan el delantero. Mide 89 cm y sus brazos y piernas son articuladas. Confeccionada con tejido de algodón de color carne, se rellena con paja. El pelo es de lana beis combinando liso y rizado. Los ojos, cejas y labios están pintados, así como las uñas de las manos. En el dedo anular de la mano derecha luce un anillo.
A diferencia de las muñecas de juguete, son obras únicas e irrepetibles, realizadas a mano con procesos no industriales. Se elaboraban con gran variedad de técnicas y materiales.
Para saber qué es una muñeca boudoir hay que remontarse, señala el Meegs en su web, a las casas opulentas o castillos de la Francia del s. XVIII, en los que solía haber una habitación privada dentro del dormitorio o entre el comedor y el dormitorio llamada boudoir.
Esta era utilizada por las damas francesas como tocador y para 'perderse' en sus cosas, como pintar, atender correo y recibir visitas en privado, a veces, amorosas.
Esta estancia podía albergar sobre una silla, cama o sofá una muñeca como la que exponemos este mes. Llamadas muñecas boudoir o muñecas cojín, surgen en 1910 de la mano del diseñador francés Paul Poiret que hizo desfilar a sus modelos con unas muñecas estilizadas, de largas piernas y vestidas como ellas, de ahí el rico vestuario que suelen lucir. Las popularizó como objetos de moda y decoración elegante, no como juguetes, acompañando, incluso, a sus diseños en los escaparates, entre la década de 1920 y 1940. También se solían llevar como complementos a eventos y bailes, como si fueran mascotas.